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Pastoral Afro Cali

Historia Local

Documento de la Delegación de Cali al XIII EPA Colombia
"Cátedra de Estudios Afro y Territorio" - Carepa, Antioquia - Mayo 18-21 de 2004

 

El municipio de Santiago de Cali tuvo su fundación el 25 de julio de 1536 por el "adelantado" Sebastián de Belalcazar, a partir de una aldea habitada por indios calimas y lilíes. Probablemente de ahí provenga su nombre. El terreno seguía las indicaciones de la corona española de tener "buen agua, buena tierra y buena brisa". El conquistador venía de fundar San Francisco de Quito y Santiago de Guayaquil y se dirigía a Santafé de Bogotá en una expedición que buscaba El Dorado.
Los adelantados eran particulares que hacían un acuerdo con la monarquía para descubrir, poblar y explotar tierras en el Nuevo Mundo.
En los primeros años la ciudad no fue más que el convento y la capilla de San Antonio, aún en pie, situados sobre una colina. Se extendió siguiendo el camino a Popayán hacia el sur, y el camino hacia Buga al nororiente. Su crecimiento definitivo se debió en gran parte a la presencia de centrales hidroeléctricas cercanas y a la realización de los Juegos Panamericanos.

El municipio cuenta con innumerables recursos naturales, sobre todo en el área rural. Buena parte del Parque Natural Los Farallones se encuentra en territorio caleño. Su flora y su fauna merecieron que su hábitat se declarara área protegida. En él nacen los ríos que atraviesan el casco urbano. Lastimósamente, el parque ha estado descuidado durante mucho tiempo y su disfrute está limitado a unos pocos por los enfrentamientos entre guerrilla y ejército y la falta de personal del Ministerio del Medio Ambiente.
Más cerca del área urbana se encuentran minas de carbón, cultivos de caña y tierras dedicadas al ganado. Las minas las explotan en su gran mayoría mineros poco experimentados de forma pirata y el cultivo de caña genera empleo pero contamina con sus quemas y la pavesa resultante.
Las fuentes de agua alrededor de la ciudad se aprovechan para el turismo local y para negocios de comidas, albergues para entidades del estado o cajas de compensación. Las más utilizadas presentan contaminación y sólo el río Pance tiene un parque municipal dedicado exclusivamente al esparcimiento del público en general.
En las afueras también se presentan cultivos comerciales y canteras para extraer materiales de construcción. En la actualidad no está definido el lote que se dedicará al relleno sanitario. El actual, comúnmente conocido como el "basuro" de Navarro, hace años superó su vida útil y la ciudad se pregunta cuál va a ser el destino final de sus basuras. El casco urbano bordea el cauce del río Cauca pero sólo se utiliza para extraer arenas y recursos similares. Su potencial como vía de comunicación y sitio turístico no se aprovecha más que de forma marginal. La población teme la inseguridad, la contaminación provocada por las aguas vertidas aguas arriba y la falta de infraestructura son algunas de las razones.

Los ancianos son importantes para la población actual porque son los que crían los niños. Papá y mamá trabajan para sostener a la familia y pasan gran parte del tiempo fuera de la casa. Los jardines infantiles son insuficientes o muy costosos. En los barrios de fuerte presencia afro es común que se le haga más caso al abuelo que a los padres. Cuando tienen recursos, como la propiedad de la casa, son reconocidos como autoridades. En otros casos van a dar a ancianatos o se les abandona incluso dentro de la propia casa. Los más pudientes tienen su propia enfermera o pueden pagar un ancianato con comodidades, hay una severa separación de clases en ese sentido.
Los grupos de la Tercera Edad son los más organizados, duran más en el tiempo que los grupos juveniles, por ejemplo. Tienen sus propios uniformes, hacen ejercicio para conservar la salud, cursos para producir artesanías y no ser una carga para sus familias.
A hay dispersión a nivel pastoral, cada grupo anda en lo suyo y algunos políticos llegan con intención de manipular. Los más maduros dan muestras claras de criterio y autonomía. La mayoría ha resultado de la necesidad y de la búsqueda de un espacio propio.
Este grupo generacional es el que más asiste a las eucaristías diarias. Si se asiste a un templo entre lunes y viernes, la presencia de un joven será ocasional, la inmensa mayoría son mayores de 50 años y, entre ellos, es claro un mayor número de mujeres.

Las fiestas patronales se celebran de forma diferente en cada parroquia. El ánimo, el énfasis y hasta el santo dependen en mucho del párroco de turno. A veces hay una fiesta oficial pero la más fuerte es la preferida por la gente. En El Hormiguero, un corregimiento a un costado del río Cauca fuertemente afrodescendiente, la fiesta es la de San Martín de Porres pero la más fuerte es la del 8 de diciembre, el día de la Virgen. En La Visitación se hace una novena desde el alba hasta el atardecer; al final hay diferentes actividades, como un bazar o una eucaristía grande. La gran mayoría celebra un festival o kermés donde se venden diferentes platos, se hacen actividades culturales, para obtener recursos.

Las costumbres han variado mucho. Antes se hacían procesiones desde las 5 a.m. para iniciar la misa a las seis. En los colegios era obligatorio ir a misa, a los estudiantes se les calificaba la presentación personal y era un regla general. Hoy hay mucho desorden, la violencia se ha incrementado. Un ejemplo claro es el barrio El Calvario, a pocas cuadras del "Palacio de Justicia", la sede de los juzgados y la fiscalía. Antes en el mismo lugar había una plaza de mercado famosa por su suciedad y su inseguridad. Supuestamente se erradicó para mejorar el lugar. Hoy es el barrio donde más se roba en todo Cali, tiene más indigentes que ningún otro, y son comunes la prostitución y el consumo de estupefacientes.
En la ciudad son comunes los delitos cometidos por jóvenes que roban por cualquier cosa y son los principales integrantes de las "oficinas de cobro" del narcotráfico. Una de sus causas probables es el hacinamiento, hace 30 años eran comunes las casas con solar, cada familia podía disfrutar de árboles frutales y hasta criaban gallinas. La inmigración cambió el rostro de la ciudad. Un gran número de personas llegó a la ciudad después del terremoto de Tumaco, se unieron a los que llegaron atraídos por los puestos de trabajo que generaron los Juegos Panamericanos y las nuevas industrias. El crecimiento desordenado y el desplazamiento por la violencia llevaron a la ciudad a contradecir las necesidades de su propia población. La hospitalidad de antaño se reemplazó por barrios con unidades y parques cerrados (enrejados). Varios directivos de la Universidad del Valle se han quejado de la falta de otra universidad pública y la Ley de Cupos apenas comienza a divulgarse.

De todos modos, perduran manifestaciones culturales de vieja data. En las comidas contamos el famoso pandebono, el pandeyuca, el tamal valluno y el guarapo de caña. La venta de bombones de melcocha ya no es tan común, pero puede verse en los barrios cómo se prepara a mano y se consume con la gelatina de pata (blanca y negra) originaria de Andalucía. El "día de los ahijados", el 29 de julio, padrino que se respete se manifiesta con su maceta, consistente en dulces de azúcar y huevo adornados con belleza en palos de [...], con molinitos de viento y papelillo de colores.
En Semana Santa se sube a los cerros de las Tres Cruces y Cristo Rey, comunes desde que se levantaron los monumentos. El convento de La Milagrosa recibe gran cantidad de público en las fechas fuertes de la Virgen aunque no se compara a las masas descomunales que recibía hace décadas. El p. Alfonso Hurtado Galvis, párroco de la catedral, promovió la recuperación de esta costumbre.
Sin duda alguna, la salsa es el ritmo fuerte en la ciudad. Aunque es procedente del son cubano y varios ritmos antillanos, la ciudad lo adoptó como propio por la raza, la semejanza de los temas con la vida de los afrodescendientes alrededor del cultivo de la caña y el origen común africano. Una figura destacada fue "Amparo Arrebato", bailarina recientemente fallecida. Fue un emblema de la Feria de Cali, tradicional con su cabalgata, las corridas y en los últimos años, con el festival de orquestas y la rumba en Juanchito.
Cuando se cruza el río Cauca se llega al municipio de Candelaria. Ahí se ubicaron balnearios y pequeños bailaderos que fueron creciendo con la ciudad. Hoy son toda una institución en la economía de la ciudad. Los alimenta la pasión por el baile que se vive durante los casi tres meses que representan las fiestas de fin de año. En ella son comunes los viajes en chiva, aunque está muy comercializado, sigue funcionando: Se viaja con una papayera en la chiva, se pasea, se bebe y se baila en un recorrido que va de bailadero en bailadero, hasta terminar en Juanchito.
El fútbol en torno al estadio Pascual Guerrero ha creado todo tipo de pasiones, comercios y problemas. La división entre los partidarios del Cali o el América trasciende incluso las fronteras nacionales.
El Petronio Alvarez con su música del Pacífico representa una nueva forma de apropiación del pueblo y un renacer de los ritmos del litoral en los grandes escenarios de la ciudad. Hoy hay una discusión en torno a una tutela que fue concedida a los vecinos del Teatro al Aire Libre Los Cristales. Si se cumple no podría realizarse el Petronio o se obligaría a su público a padecer horas bajo el sol. Varias autoridades culturales de la ciudad han reaccionado ante lo absurdo de la situación pero todavía no se conoce la solución definitiva.

En Cali los mitos han perdido mucha de su fuerza. Uno de los más conocidos es el duende, que se lleva los niños, toca las mujeres impúdicamente, hace travesuras y cosas así. Se trata de un enano con un sombrerote. Otro es la viuda que asusta a los borrachos, los seduce con sus formas y resulta ser una mujer horrible o llevarlos al borde de la muerte. Se habla de casas con fantasmas, casi siempre alguien que vivió ahí o se aparece cerca.
Muchos mitos del Pacífico se han trasladado con las migraciones. Un caso reciente son las apariciones del diablo en los bailaderos. Primero fue una en la discoteca "Changó", donde bailó con una de las presentes. Lo describen como un hombre adinerado, bien parecido y bien vestido. Al bailar le descubrieron patas de caballo y fuerte olor a azufre. Un periodista afrodescendiente publicó la nota y el diario El Espectador la sacó en primera plana. Eso le valió una demanda y su posterior retiro del diario. Hace pocos meses se habló de otra aparición del demonio en Agapito. Ahí también sacó a bailar a una muchacha e hizo explotar todo el equipo eléctrico en el local. La gente se asustó mucho, en la oscuridad lo vieron salir y caminar sobre el río Cauca hasta dar con el monte del otro lado. Dicen que tenía cola y pies extraños.

Para el próximo EPA Colombia se prepara un paseo al balneario de Puerto Amor en Palmira y rifas como actividades para enviar la representación, ojalá esta vez más numerosa.
 

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