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CONFEDERACION LATINOAMERICANA DE RELIGIOSAS - CLAR

EQUIPO DE REFLEXION TEOLOGICO AFROAMERICANO Y CARIBEÑO

 

DIMENSION RELIGIOSA DE LA CORPORALIDAD

Hna. Ayda Orobio, mml

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Introducción
1. El concepto de cuerpo
2. El cuerpo desde lo religioso
3. Violencia contra el cuerpo
4. Pueblo negro una cultura con cuerpo
5. Alabando al Señor con tambores y danzas
Conclusión

 

Introducción

La Conferencia Episcopal de América Latina en Santo Domingo (1.992) produce el primer documento que presenta la urgencia de elaborar una Pastoral diversificada que reconozca y potencie los valores del pueblo afroamericano (Santo Domingo Nos. 249 - 250), es que la Iglesia católica también está aportando su granito de arena para superar la "invisibilidad" que por 350 años mantuvo a este pueblo olvidado y desconocido a pesar de sus muchos aportes a la construcción de las identidades nacionales, latinoamericana y caribeña.

Entre estos valores, con el siguiente artículo, queremos resaltar la integralidad con que el pueblo negro ha vivido la relación con el cuerpo. Muchas veces se ha tomado sólo como folklore el ritmo y la expresión corporal de la negra y del negro, su capacidad para los diferentes deportes casi como contraposición a una supuesta falta de reflexión y de capacidad intelectual; pero la realidad nos está demostrando que no es así, que las negras y negros tenemos capacidad para desempeñarnos en cualquier campo, cuando tenemos oportunidades apropiadas de formación y de convivencia.

Vivir en una cultura de pueblo negro marca nuestra vida de tal forma que no podemos divorciar los sentimientos, los pensamientos y la comunicación de los gestos, la mímica y el ritmo. La vida y la muerte, la alegría y el dolor, la amistad, la fraternidad, la rebeldía y también los sentimientos agresivos nos hacen daño, como el rencor y la venganza se dibujan espontáneamente, no sólo en nuestros ojos, sino en todo nuestro cuerpo.

Este valor es un gran aporte para la cultura occidental que por tanto tiempo desprecio el cuerpo, considerándolo algo ruin y despreciable, la cárcel del alma y lo tiranizó de tantas formas, que llegó a extremos enfermizos y esquizofrénicos. En la historia de la vida religiosa se reflejaron muchos de estos dualismos. Aquí tenemos una misión las religiosas y religiosos negros de hoy, aportar desde nuestro ser alegría y ritmo a la Vida Religiosa que quiere ser respuesta novedosa para la cultura actual.

 

1. EL CONCEPTO DE CUERPO

"La primera verdadera experiencia figurativa del hombre
es el reconocimiento de su propia imagen en el espejo,
que es la ficción más cercana a la realidad"
M. Pistoletto

El concepto de cuerpo es una construcción en la cual confluyen la fisiología, la cultura, la memoria, la religión y el poder. Ese acto de presencia en el mundo es determinante: Tenemos conciencia del espacio porque ocupamos un espacio; constantemente evidenciamos que estamos condicionados por un cuerpo que percibe en el tiempo y a partir de contenidos que proyecta de sí mismo de su autorreconocimiento, de su afirmación o negación de sus procesos y de sus limitaciones.

Su papel privilegiado en la constitución de la idea de Realidad es tan evidente que no hay sociedad, ideología, o religión que no plantee una particular ética hacia el cuerpo que refleje lo más elevado de sus valores.

La cultura de origen occidental mira con gran desconfianza al cuerpo, porque es heredera de una concepción religiosa que separó radicalmente cuerpo y alma y de una ciencia que "manipula las cosas y renuncia a habitarlas". El cuerpo aparece como un compañero con el que no sabemos dialogar se asemeja a un campo de batalla que evidencia un estado constante de fuga de realidad.

 

2. EL CUERPO DESDE LO RELIGIOSO

El dualismo entre cuerpo y alma que marcó la cultura occidental procede del dualismo helénico, suavizada la nota peyorativa con que la filosofía griega había marcado al cuerpo considerándolo como cárcel del alma.

a) Concepto del cuerpo en la Sagrada Escritura

El pensamiento bíblico de contactos helenísticos comparte la misma noción como se advierte en el libro de la sabiduría producto del judaísmo alejandrino. Es bien expresiva aquella frase que rezuma filosofía griega "el cuerpo corruptible abruma el alma y la morada terrestre pone plomo al espíritu que medita muchas cosas" (Sab. 9,15)

En cambio, en el pensamiento bíblico semítico no hay palabra que designe exactamente nuestra noción de cuerpo, la que más se le acerca es basar, que significa toda la materia orgánica dotada de vida. No coincide con nuestra noción actual de cuerpo, pues supone, además del elemento corporal del hombre, su información vital. La antítesis griega entre cuerpo y alma es extraña al hebreo. En la mentalidad helénica el alma encarcelada en el cuerpo suspira por la liberación del compañero malo, el cuerpo no es esencial para la persona, es algo que el hombre posee como puede poseer un vehículo más o menos deficiente. La concepción hebrea de la persona, al contrario no puede prescindir del cuerpo. El hombre no tiene un cuerpo: es un cuerpo. Una prueba está en que el pensamiento semítico no sabía concebir la felicidad ultraterrena al estilo griego, el alma separada prescindiendo del cuerpo, sino que tiene que recurrir a la resurrección por ser el cuerpo indispensable[1].

En los Evangelios de Mateo, Marcos y en Juan encontramos el concepto de cuerpo pero refiriéndose al cuerpo muerto, el cadáver (Mc. 15,43; Mt. 14,12; Jn 19,31. 38). Se exceptúa en Mateo 6,25ss, donde el cuerpo puede significar, como en Pablo toda la persona: "¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido?" San Lucas al contrario lo emplea en la acepción ordinaria de cierta oposición al alma (Lc. 11, 34).

En San Pablo al estilo semítico la palabra carne parece designar frecuentemente a todo el hombre o a toda la persona. En muchos textos el cuerpo se puede sustituir fácilmente por el prenombre personal o está de hecho ya sustituido por el mismo Pablo cuando emplea el paralelismo semítico "¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo?" (1 Cor 6,13 - 20).

Pablo por sus posibles contactos con la filosofía griega, identifica muchas veces a cuerpo con carne presentando la oposición entre carne y Dios que es espíritu y así viene carne a designar alejamiento de Dios, debilidad y fragilidad frente a Dios, que es la fuerza y el poder.

Se comprende que estar alejado de Dios ha de ser terreno propicio para el pecado tomando así la palabra carne un sentido peyorativo moral, que tiene un papel importante en la Teología de San Pablo. En algunos textos del Antiguo Testamento encontramos este sentido peyorativo en frases como "¿tienes tú ojos de carne o miras tú como miran los hombres?" (Job 10,4) Job se queja del proceder de Dios al que juzga humano y muy humano; es como si dijera "si Dios tuviera ojos de carne sería explicable este proceder". Carne representa el cuerpo, al hombre en contraste con Dios al hombre en su debilidad y mortalidad.

En el NT. en general la palabra basar designa generalmente a todo el hombre: "el verbo se hizo carne" es equivalente a "el Verbo se hizo hombre" (Jn. 1,14). En el sermón Eucarístico también carne en algún texto designa simplemente a todo Jesucristo. Jesucristo es el pan de vida y el pan de vida es la carne de Jesucristo (Jn. 6,51). Mateo 19,5 es una citación del génesis en 2,24: "y serán dos que forman una sola carne", es decir tal es la unión de los dos cónyuges que formarán como una persona. En Mateo 26, 41 "el espíritu está pronto pero la carne es flaca" se contraponen al estilo semítico el espíritu y la carne en cuanto que la carne como tal implica la idea peyorativa de debilidad y espíritu en cambio la idea de fuerza. La contraposición no es de orden metafísico sino moral por la relación que la carne puede tener con el pecado.

Cuando San Pablo dice "quien me liberará de este cuerpo que me lleva a la muerte" (Rm 7, 24) se refiere a la experiencia común de todos los que tratan de obtener la salvación apoyándose en sus propias fuerzas. Es la historia humana sin Cristo y con Cristo; pero también puede ser la experiencia de muchos hombres, Cristianos o no cristianos situados ante cualquier tipo de ley: divina, eclesiástica o civil.

La designación de la Iglesia como cuerpo de Cristo es exclusiva de San Pablo, esta expresión la usa en las grandes epístolas, en Rm 12,5, y en 1 Cor 12,12 pero se enriquece en las epístolas de la cautividad, en relación con otra metáfora Cabeza de la Iglesia. Con estos términos el Apóstol de los gentiles quiere representar la concordia que debe reinar entre los cristianos, con la concordia que reina entre los miembros del cuerpo.

b) Valoración del cuerpo en el Cantar de los cantares

El Cantar de los Cantares es el libro de la Revelación que valora más claramente el amor humano, el cuerpo humano, la igualdad de la mujer y del hombre, por eso ha sufrido, a través de los tiempos muchas interpretaciones espiritualistas que tratan de definirlo sólo como alegoría y símbolo del amor de Yahveh a su pueblo, pero muchos otros autores, ubicando el libro en el contexto de los Sapienciales y desde una interpretación antropológica y literal, reconocen la valoración de la experiencia humana, pues siendo la mujer y el hombre imagen de Dios, toda experiencia de humanidad es cercanía y gratuidad del Creador.

El autor José Cárdenas Pallares nos invita a ubicar al Cantar de los Cantares como un regreso al paraíso en donde los humanos, sin tapujo alguno y sin cinismo, hablaban y contemplaban sus cuerpos desnudos. A la valoración y aceptación de Eva que hace Adán: "Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne..." (Gn 2,23ª).

Desde esta nueva perspectiva, cuando se van superando los "tabúes" contra el cuerpo, se comprende y valora la resistencia de la mujer y del hombre afrodescendiente que prefirió sufrir rechazos, y los calificativos de "indecente", "vulgar", "erótico" ... a renunciar a la única riqueza que no pudieron arrancarle: su propio cuerpo.

En el Cantar de los Cantares, nos encontramos pues, con un mensaje profundamente novedoso y apropiado para el Dios de Jesucristo, que todo lo ha hecho bien, y que es definido como "amor". En lo que se refiere a nuestro tema el Cantar de los cantares nos ayuda a recuperar:

  • La valoración del cuerpo, de todo el cuerpo
  • La igualdad entre mujeres y hombres
  • Celebrar la belleza, no como estereotipo de un solo grupo humano, sino de toda la humanidad.

El Cantar de los Cantares es una glorificación del amor humano y del cuerpo humano, del amor y del cuerpo se habla con naturalidad y sin malacia, la mujer, la amada, la novia expresa su admiración ante la belleza del cuerpo masculino (5,10-16), por su parte el hombre responde exaltando la belleza femenina (4,1-15; 7,1-10) y mutuamente se comparan con lo más selecto de la creación. No hay partes del cuerpo indecentes, o menos poéticas, hablan de los ojos y los rizos del cabello lo mismo que de los senos y la lengua, la curva de las caderas y los pies, es un reconocimiento mutuo.

La mujer y el hombre, con toda su realidad corporal, son imagen y semejanza de Dios. La relación de pareja, el amor mutuo es una relación que humaniza, tiene valor en sí misma en cuanto posibilita la realización de cada uno; por eso el celibato, propio de la vida religiosa, no puede partir de un rechazo o desconocimiento de este valor y derecho de toda persona, sino de la opción libre por seguir el estilo de vida de Cristo, buscando la realización personal en Él, en la vida fraterna y el servicio a los hermanos.

En el Cantar de los Cantares, es la mujer que toma la iniciativa, reivindica el derecho de la palabra y expresa sus sentimientos con libertad, en contravía de una cultura, donde es el hombre que tiene el derecho de hablar de conquistar[2], de seducir a la mujer y de la cultura globalizante actual que busca imponer un tipo de belleza, con patrones culturales etnocentristas. La mujer del Cantar de los Cantares, es la mujer libre por el amor que experimente y se define a sí misma "negra y hermosa" (1,5) y describe el cabello del amado con rizos como racimos de palmeras "negros como cuervo" (5,11b).

Podemos decir que a la oposición entre feminismo y machismo el Cantar de los Cantares presenta la igualdad verdadera, la que tiene su base en el amor, en el mutuo respeto y reconocimiento, cuando mujer y hombre tienen la palabra y el propio cuerpo para expresarse y complementarse y no para destruirse, no se trata de un amor libre, sino del libre amor; en la fidelidad de los esposos y la realización personal.

c) Aportes actuales

Juan Arias un conocido periodista internacional escribe sobre "Un Dios para el 2.000", y desde su experiencia como conocedor de las tendencias del hombre y la mujer de hoy, afirma que el final del siglo marca el éxitos de Dios, un Dios amigo de los seres humanos, liberador de todos los miedos, servidor de sus criaturas, enamorado de cada ser, capaz de compasión y de aceptación de todos, muy diferente al Dios justiciero y vengador que han presentado tantas religiones, e incluso la Iglesia Católica, antes del concilio Vaticano II:

"El hombre del 2.000 va a ser cada vez más reacio a admitir el Dios árido de los dogmas, de cualquier religión, mientras pueda que se sienta inclinado a escuchar la voz de ese Dios que todos llevamos dentro y al que cada uno en su intimidad, lo bautiza con el nombre que más le gusta"[3]

El desafío es grande para la Iglesia y para la Vida Religiosa, en concreto, o experimentamos a Dios en nosotros y nosotras mismas, en nuestro propio cuerpo o presentamos un Evangelio que carece de novedad para el hombre de hoy; llevamos a la oración y a la vida todo nuestro ser o nos quedamos solas y solos viviendo la nostalgia del dualismo que hablaba de la perfección de las almas.

En este sentido es magistral el aporte de Leonardo Boff, cuando en una entrevista le preguntan si el ve a Dios, responde: "Me parece que uno ve con los ojos interiores. Quizá no veamos pero sentimos a Dios, por ejemplo, cuando una persona siente entusiasmo al levantarse por la mañana, cuando tiene la capacidad de tender al otro la mano.... Dios no es un objeto, no es una identidad, es una suprema pasión, lo que los griegos decían de un modo genial... entusiasmo, que significa precisamente tener un Dios dentro. Por eso todo entusiasmo es la esencia de la vida, ya que la esencia de la vida no es la vida, es la vitalidad de la vida, es la energía que consigue que la vida viva. Por consiguiente creo que esa es la realidad que lo penetra todo y que no se deja captar, sin la que no entendemos nuestra fuerza, nuestra esperanza, nuestro sueño. Yo creo que Dios es eso... es esa presencia secreta, sutil de esa pasión de ese fuego interior que llamamos Dios"[4]

 

3. VIOLENCIA CONTRA EL CUERPO

La historia también es asunto de los cuerpos, hay cuerpos impregnados de historia y hay historias destructoras del cuerpo.

En la historia de nuestro continente la destrucción del cuerpo es un largo trance de inusitada crueldad: La conquista y la colonia marcaron con sutiles estilos de torturas y de genocidio el nacer de nuevos pueblos, los pueblos indígenas y negros acusados de canibalismo fueron víctima del genocidio y la destrucción en nombre de la civilización y del cristianismo[5]; los africanos traídos como esclavos a las Américas, valorados precisamente por su fuerza física y por la capacidad de resistir trabajos pesados a la intemperie del clima tropical, fueron sometidos por el látigo, los grillos y los azotes, los cimarrones que huían buscando la libertad, si eran capturados sufrían la mutilación de sus miembros para escarmiento de los demás (algunos castigos consistían en cortar la lengua, las manos o los pies).

Para sobrevivir a tanta crueldad y humillación la mítica africana se recreó proponiendo la resurrección en la tierra de origen, entre los antepasados, pero hasta este ámbito de la cosmovisión llegó la crueldad y desde entonces los cimarrones y los jefes de los palenques al ser capturados eran decapitados, porque de esta manera "no podrían resucitar en África"[6]. En Colombia, concretamente hay épocas en que esta violencia contra los cuerpos se ha recrudecido: la guerra de los mil días, la época de las caucherías, la violencia de los años cincuenta, actualmente el narcotráfico y los desplazamientos.

En la época de la violencia de los cincuenta, el espectáculo de la tortura, destrucción y despresamiento del cuerpo presentaba múltiples modalidades, como si no fuera suficiente acabar con la vida sino aniquilar física y simbólicamente el cuerpo; descripciones de estas torturas se encuentran también en las historias de muchos mártires y santos; es el desprecio más aberrante al propio cuerpo y al de los otros.

Hoy parece que las imágenes trágicas que muestran cuerpos destrozados y ensangrentados son las más comerciales, por eso hay periódicos, revistas, películas y programas televisivos que compiten en mostrar el ángulo más dramático de cada escena.

Los pueblos negros, indígenas y campesinos vuelven a ser hoy víctimas del enfrentamiento de los actores de violencia, para obligarlos a abandonar las tierras estratégicas de Urabá, del Pacífico... Se repiten los asesinatos masivos, el despresamiento y como elemento nuevo la prohibición de enterrar a los muertos so pena de sufrir la misma suerte. Doble sufrimiento para el pueblo negro que en todo su ritual mortuorio, en la forma de enterrar a sus muertos cifra las bases de su identidad.

De pronto estamos cosechando el desprecio del cuerpo y los tabúes que dominaron la educación, la religión y la información. El desafío actual será por lo tanto la educación en la armonía, que tiene su fundamento en la armonía personal entre cada persona humana y su propio cuerpo, amarlo, protegerlo, cuidarlo para poder llegar a amar, proteger y cuidar al otro.

En la vida religiosa vivimos el trance entre prácticas de desprecio del cuerpo donde se ponía la perfección en la capacidad de dominarlo con cilicios, mortificaciones, penitencias, y las enseñanzas del Vaticano II que nos invita a valorar y honrar a nuestro propio cuerpo: "No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo como criatura de Dios..." (GS 14)

El vestido, el hábito religioso, que se trató de sublimar relacionándolo con el manto de María o de los santos[7], tenían una connotación de violencia contra el cuerpo; sobre todo de la mujer religiosa, se buscaba la uniformidad, despreciando, ocultando las formas físicas del cuerpo femenino.

Para no seguir la ley del péndulo que fácilmente nos hace pasar de un extremo al otro, es preciso trabajar en la formación inicial y permanente la armonía y el equilibrio pues la sociedad de consumo está empeñada en aprovechar el momento de supervaloración del cuerpo para vender productos de belleza, presentándolos como necesidades urgentes para la salud. Los gimnasios y las cirugías estéticas se presentan como la nueva forma de valorar el cuerpo cuando en realidad están promoviendo un concepto etnocentrista de belleza femenina y masculina, la propaganda necesita cuerpos sanos, atléticos, solemnes, jóvenes de pose teatral y de mujeres con medidas que se ajusten a patrones preestablecidos para poder vender jabones, cremas, bebidas, carros, ropa y todo lo que sea susceptible de compraventa; así estamos en nombre de la libertad y de la valoración del cuerpo cayendo en la esclavitud de la belleza y la juventud programada que se debe conseguir a toda costa, como valor supremo, olvidando los valores de la solidaridad y el compromiso.

 

4. PUEBLO NEGRO: UNA CULTURA CON CUERPO

En Colombia, elaborando las pautas que luego se convirtieron en la Ley 70 de 1993 todas las Organizaciones de comunidades negras existentes debían presentar sus propuestas. Por eso el Comité Ejecutivo de la Asociación Campesina del San Juan - ACADESAN - realizaba recorridos continuos por el río San Juan y sus afluentes, el duro trabajo y el cansancio de los viajes se veía recompensado por la acogida de cada vereda, pues sus habitantes se disputaban el honor de recibirnos y atendernos en sus casas.

Como religiosa consideraba este compartir como el mejor noviciado para conocer mi propia cultura y el por qué de tantas manifestaciones externas diferentes a la cultura occidental. Una de tantas noches, recorriendo el río Calima, nos alojaron en la casa de Don Pedro. Como la sala era grande acomodaron allí con petates y toldillos a los 8 hombres que conformaban el grupo y a las 3 mujeres nos llevaron al cuarto de Doña Josefa la dueña de casa. A las dos de la mañana me despertó el rumor de conversaciones y personas que entraban y salían del cuarto, y la luz de la lámpara de petróleo me permitió entender que se trataba de un parto, pronto los de la sala también se enteraron; Don Pedro empezó a repartir aguardiente y prendió su tocadiscos con los Vallenatos de moda.

Yo intenté levantarme para ver en qué podía ayudar, pero una de las parteras me dijo: "hermanita quédese tranquila, duerma si puede porque mañana les espera un día duro de aquí para arriba con ese río tan seco, y nosotras ya estamos acostumbradas a este corrinche" agradecí la sugerencia pero insistí si tanto ruido no le hacía mal a la Señora en su trabajo de parto. La misma Doña Josefa me respondió, "ya estoy acostumbrada, ese hombre es tan feliz cuando nacen los hijos que la música y el trago no pueden faltar, no se vaya a asustar porque apenas llore el niño salen ha hacer unos disparos para que todo el pueblo sepa que estamos celebrando un nuevo nacimiento". Y así fue, la música, la bebida y los disparos atrajeron a casi todos los vecinos que llegaban a buscar "el meaíto" del recién nacido y Don Pedro, reflejando la satisfacción en su rostro les pasaba un buen trago de biche[8] de la botella curada[9].

Que diferencia entre este ambiente que recibe al recién nacido al silencio y al misterio que predomina en hospitales y en otros pueblos, experiencias como estas me ayudaron a entender por qué podemos dormir, estudiar, pensar y orar aunque haya ruidos, superando los mitos[10] del silencio ; por qué aprendemos a bailar antes que a caminar, por qué las celebraciones no son fechas estrictas de calendario, porque lo que se celebra es la vida en todas sus manifestaciones.

El pueblo negro supo mantener la armonía con su propio cuerpo a pesar del rechazo y la incomprensión de los sectores dominantes, supo llevar su cuerpo a las relaciones con el otro, a las relaciones con la naturaleza - recuerdo los paisajes costeños de niños corriendo desnudos bajo la lluvia, chapoteando en los chorros que forma la canal del agua de cada casa - y a las relaciones con Dios.

Esta herencia de la madre África está viva y permanece como la raíz desde donde brotan nuevas expresiones, es el caso de los jóvenes que se identifican con ritmos antiguos y expresiones modernas para manifestar la hermandad entre África, Norteamérica y América Latina con el reggae, el rap, etc.

 

5. ALABANDO AL SEÑOR CON DANZAS Y TAMBORES

Para hacer referencia a la forma como el pueblo afrodescendiente conservó las expresiones del propio cuerpo en las relaciones con Dios, basta recordar la forma como en Esmeraldas - Ecuador y en el Pacífico colombiano se realizan hasta el día de hoy las balsas o balsadas en honor de la Virgen, de los Santos o del Niño Dios, consiste en unir varias canoas para formar una plataforma segura, que pueda subir o bajar por el río, llevando la imagen del santo muy adornada con arcos y flores, los músicos, las cantoras y los bogas. Al ritmo de la música y de los cantos el cuerpo se contorsiona, se agitan banderas y pañuelos, saludando y contagiando fervor y alegría a las personas que se han quedado en la orilla.

En fiestas patronales y en navidad se organizan balsas desde diferentes veredas para llegar al atardecer al centro parroquial. Quienes hemos vivido esta experiencia sabemos que Dios está presente allí, en la emoción y la alegría, en el ritmo de los tambores, en la mística de las cantoras, en la convicción profunda que el encuentro de los hermanos, el reflejo de las luces en el río, la luna y las estrellas son un templo muy propio para alabar y bendecir a Dios por medio de la Virgen y en los Santos.

Igual que las balsas, los alumbraos[11], las posadas[12], los chigualos[13] son espacios que el afro católico de los sectores de mar, de los ríos, y en los espacios rurales supo mantener apropiándose las enseñanzas recibidas de los doctrineros y misioneros, pero agregándole el sentido propio de la valoración del cuerpo, por medio del baile, el canto, los tambores, la comida y bebida comunitaria; estas manifestaciones religiosas fueron por mucho tiempo clandestinas, hasta que algunos Agentes de Pastoral las empezaron a valorar, con las orientaciones del Vaticano II y de Puebla:

"La cultura es una actividad creadora del hombre, con la que responde a la vocación de Dios, que le pide perfeccionar toda la creación (Gen) y en ella sus propias capacidades y cualidades espirituales y corporales" (Puebla 391)

El cuerpo es tan importante en las expresiones religiosas del pueblo afroamericano y caribeño, que todos los momentos de celebraciones especiales deben ir acompañados de vestidos especiales - estrenos - de colores vivos, sombreros, pañoletas y alhajas finas[14] o de fantasía, según las condiciones económicas.

Con motivo de los 500 años de invasión a las Américas, Radio Enriquillo[15] de República Dominicana, realizó una serie denominada "Tras las huellas de los cimarrones" donde al referirse a la creatividad con que las negras y negros de los manieles, conservaron expresiones de las religiones de la madre África y asumieron las imágenes y algunas enseñanzas de los misioneros:

"Bailar es tan sagrado como rezar, tocar el tambor es tan sagrado como rezar, compartir con el hermano es sagrado y se debe practicar dentro y fuera del templo. El engaño y la hipocresía no son posibles, enamorarse y divertirse es sagrado, siempre en respeto con el hermano"[16]

Cuando los esclavizadores invitaban a la misa en honor de San Carlos Borromeo, los africanos y sus descendientes recordaban a Papa Candelo, y en las procesiones y rosarios en honor a Santa Ana celebraban la divinidad femenina Ana Isa, diosa de la alegría, del baile, de la fiesta, algunos misioneros permitían tocar los tambores en las procesiones, siendo la oportunidad de trasmitir mensajes de apoyo y hermandad a los cimarrones y a los manieles[17]. De esta forma en las celebraciones religiosas se conservó el sentido integrador que unifica toda la vida para alabar y bendecir a la divinidad, celebrar a Dios es afianzar la hermandad, el compartir, el trabajo, la comida, es la celebración de la victoria y sobre todo una manera de resistir ante la esclavitud.

En el sector urbano, el afrodescendiente se ha ido adaptando a la nueva realidad, conservando algunos elementos, sobre todo del ritual mortuorio de adultos y niños que le permiten conservar la identidad, en el Brasil, en Cuba y Haití es fuerte la presencia de Religiones Afroamericanas que resaltan valores ancestrales, y en las Iglesias Cristianas también se ha empezado a dar importancia a las manifestaciones propias del pueblo negro.

La vivencia del pueblo afrodescendiente de alabar a Dios con todo el cuerpo se relaciona con la tradición del pueblo de Israel, el pueblo de la promesa: "alábenlo - al Señor - con danzas y tambores, alábenlo con liras y flautas" (Sal 150,4). Y de modo admirable con la alegría del rey David y del pueblo al traer el Arca de la Alianza a Jerusalén: "David danzaba ante el Señor frenéticamente, llevaba puesto un efod de lino. Así David y todo Israel trajeron el Arca del Señor entre gritos de júbilo y al son de trompetas" (2 Sam. 6,14 - 15).

Aquí nos encontramos ante un desafío del proceso de inculturación del Evangelio, y del Ecumenismo, pues en el campo católico solo se han dado intentos aislados de incluir en la liturgia tambores y danzas, pero faltan trabajos serios de investigación que permitan llegar al corazón de la espiritualidad y la cultura del pueblo negro que se acerca con todo su ser al Dios de la vida para alabarlo y bendecirlo.

 

CONCLUSIÓN

Con todo lo anterior, conscientes de no agotar el tema, se puede concluir que nuestras relaciones con Dios, con los demás y con la naturaleza nos exigen la superación del dualismo entre alma y cuerpo; que cada persona es integrada porque somos un todo, si amamos, si honramos a Dios, si sufrimos, si no somos coherentes, si obramos bien o mal es toda nuestra persona.

El pueblo negro entre sus valores nos presenta en forma concreta esta integralidad, pues a pesar de las marginaciones sufridas, y de los rechazos culturales que ha vivido siempre ha tenido una relación de armonía con el propio cuerpo, en las regiones rurales donde ha tenido un espacio propio y un ambiente natural adecuado ha recreado la forma de celebrar la vida en todas sus manifestaciones desde el nacimiento hasta la muerte, los cantos llamados arrullos para el chigualo o entierro de niños, y los alabaos para el entierro de adultos y momentos litúrgicos solemnes, como la Semana Santa son entonados por los cantores y cantoras, y el pueblo repite los versos y los gestos que le dan vida a estos cantos y los convierten en puente de unidad entre el ser humano y el Trascendente.

En las ciudades se han recreado otras formas de solidaridad, y los jóvenes con influencias de los negros norteamericanos, y africanos incursionan en el rap, reggae, etc. Así toda la vida del pueblo negro está marcada por la alegría del compartir y el ritmo, elementos que le permiten sobrevivir como cultura y como pueblo en un mundo adverso y excluyente.

No hay necesidad de recurrir a hechos extraordinarios y llamativos, como religiosas y religiosos Afro en la vida cotidiana podemos enriquecer a los demás valorando nuestro cuerpo y el del otro: Acordémonos de la infancia cuando una caricia de mamá curaba el dolor de cabeza y ensayemos a practicarlo con nuestros hermanos y hermanas de comunidad y con el pueblo que acompañamos, enfermo de tantas cosas pero sobre todo, enfermo de falta de amor, enfermo de falta de caricias.

Démosle vida y cuerpo a las celebraciones comunitarias y litúrgicas, aportemos sin exclusivismos alegría, sonrisas, caricias, ritmo, tan propios de nuestro pueblo. En la Eucaristía cuando damos la paz, recordemos que estamos en América Latina, no en el Japón ni en los pueblos donde dar la mano puede ser mala educación, demos la mano de verdad, con un apretón que se sienta vida, o con un abrazo fraterno, como embajadores del Dios de la vida.

 

Hermana Ayda Orobio Granja, mml
Cra. 17 No. 1N-84
Tel. (0928) 211766
Fax (0928) 22576
E-mail hermilaura@caucanet.net.co
Popayán - Cauca


[1] AA.VV., Enciclopedia de la Biblia, Ed. Garriga, Barcelona

[2] Cf. Pallares, José Cárdenas, El cantar de los cantares y el amor humano, Centro de estudios ecuménicos, A.C., México, 2º e d., 1983

[3] Arias, Juan, Un Dios para el 2.000, contra el miedo y a favor de la felicidad, e d. RGM, S.A., Bilbao, 1998.

[4] Boff, Leonardo, Semblanza, Nueva Utopía, p. 259

[5] Cf. Banco de la República, Biblioteca Luis Angel Arango, El espíritu del cuerpo, Exposición itinerante, obras de la colección permanente.

[6] En Haití existe el mito de la cabeza de un negro esclavizado, que fue decapitado, y que de vez en cuando se deja ver, porque al no poderse unir al resto de su cuerpo, anda errante, entre los cañaduzales, sin poder ir a descansar con los antepasados.

[7] En algunos casos, como el de Francisco de Asís, el hábito inicial fue la opción por los más pobres de su tiempo, los agricultores, pero estas inspiraciones carismáticas son “domesticadas” por la institucionalidad.

[8] El biche es la bebida que se elabora con el jugo de la caña, fermentado y destilado, con un proceso artesanal. Es elaborado especialmente por las mujeres y hace parte de los trabajos que producen un ingreso a la familia.

[9] La botella curada, corresponde a la tradición de mantener una botella con biche y algunas plantas medicinales, para compartir en momentos especiales como el nacimiento de un niño, un enfermo...

[10] El silencio es un valor esencial en la vida de toda persona, pero en la vida religiosa se ha llegado a extremos, sacrificando por el silencio las relaciones interpersonales. El pueblo negro también vive el silencio, sino que lo digan los pescadores y los cazadores que son capaces de caminar en medio del bosque sin quebrar una rama, sin producir un ruido y estar quedos para no ahuyentar la presa.

[11] El alumbrao es una fiesta religiosa de carácter particular o familiar, se hace en honor a la Virgen o a los Santos, por una petición o una acción de gracias. En la casa se arregla un altar ante el cual se reza el rosario y se cantan los arrullos, desde el atardecer hasta la media noche, luego se quita el altar y se organiza el baile hasta el amanecer, con comida y bebida gratis para todos los participantes.

[12] Las posadas son una especie de dramatización de la forma como José y María buscaron posada, cuando llegaron a Belén, pero se caracteriza en los pueblos del Pacífico por que involucra a toda la población, se recorren las calles con tambores y cantos propios llamados arrullos, hasta llegar al lugar designado para cada día, donde los encargados preparan bebidas y dulces para todos los participantes.

[13] Los chigualos son la celebración de la muerte de un niño, en los cuales no se debe llorar, ni rezar, porque son angelitos, que van a ver el rostro de Dios, se tienen cantos propios para este fin y unos bailes como especies de rondas, donde los padrinos deben danzar con el pequeño ataúd. El chigualo dura toda la noche.

[14] En los sectores de minería se desarrolló una forma artesanal de trabajar el oro, elaborando verdaderas obras de arte en aretes, cadenas, pulseras, prendedores y anillos.

[15] Emisora afiliada a la Asociación de Educación Radiofónica - ALER - , la colección completa “Tras las huellas de los cimarrones” se compone de 5 Cassettes que en forma de microprogramas recorren la historia del negro en las Islas del Caribe, desde los orígenes africanos hasta el presente.

[16] Ibid.

[17] Los manieles del Caribe, son los pueblos libres construidos por los cimarrones, equivalentes a los Palenques de la América hispánica y a los Quilombos del Brasil.

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