GRUPO DE REFLEXIÓN TEOLÓGICA NEGRA
«GUASÁ»

 

LA UTOPIA DEL RELACIONAMIENTO DE IGUALES

Hna Sônia Querino dos Santos e Santos[*]

INTRODUCCIÓN

 

1 - PROFUNDIZANDO LA MISMA CUESTIÓN

1.1 - GÉNERO Y SEXO
1.2 - RECIPROCIDAD
1.3 - ¿Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS?

2 - GÉNERO Y ETNIA: SINCRETISMO EN NUESTRAS RAÍCES

2.1 - LA EXPERIENCIA RELIGIOSA DE NUESTRAS MADRES Y PADRES

3 - GÉNERO Y LITURGIA- LAS SUBJETIVIDADES EN LA COMUNIÓN

3.1 - IDEAS CONTRADICTORIAS, PROVENIENTES DE LAS MATRICES DISCURSIVAS HETEROGÉNEAS

4 - CUESTIONES DE GÉNERO Y TEOLOGÍA

4.1 - TEOLOGÍA FEMINISTA – TF

5 - VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

6 - CONSIDERACIONES FINALES

 

La señora García tiene cuatro hijos. En la tarea de educar a sus niños muchas veces dice:
“Donde hay mujer, el hijo hombre no ayuda en las tareas de casa “;
“No llores hijo mío, pues los hombres no lloran”.

 

A partir de este pequeño fragmento, quiero tan sólo provocar una reflexión sobre la utopía del relacionamiento de iguales. Antes que nada, quiero aclarar que existe detalles del texto de arriba que tienen que ser descifrados, puesto que vehiculan realidades que condicionan nuestro universo relacional. Una primera pregunta es aclarar si la mamá de los cuatros niños tiene o no nombre propio. Otra sería saber si de hecho hay apenas niños a ser educados, o si dentro de la palabra “niños” estarían incluidas también a las niñas.

El texto encima tiene la intención de explicitar, como ya decía, el tipo de lenguaje cotidiano, donde sin darnos cuenta, somos sometidas al anonimato y a la sumisión como mujeres. El nombre propio dice respecto a nuestra identidad, sin embargo, en algunas culturas, el nombre de la esposa es suprimido por el apellido del esposo. Refiriéndonos al ejemplo anterior, el nombre propio de la señora García fue sustituido por el apellido del esposo.

No obstante, el proyecto de Dios es de parejas iguales. “... Hombre y mujer, Dios los creó a su imagen y semejanza” (Gn 1,27). Por la descripción, la mujer tiene la tarea de educarse según aquella otra frase que escuchó cuando era niña “donde Hay mujer, el hijo hombre no ayuda en casa...”

De hecho, lo que ocurre es que dentro de la palabra “niños” también hay niñas que desde pequeñas son sometidas a la categoría masculina del lenguaje y los deberes propios del hombre y de la mujer.

En lo referente a la última frase, a saber, “Los hombres no lloran” también se observa un fuerte obstáculo a la formulación de la utopía del relacionamiento entre iguales. Con todo esto, surge una tercera cuestión. Dentro de una mentalidad tal, de aparente superioridad masculina, ¿es posible que exista un relacionamiento de iguales?

Continuando con nuestra reflexión, creo que es necesario deshacer algunos de nuestros conceptos lingüísticos, aún cuando con absoluta certeza, será una tarea difícil. Sin embargo, como mujeres, debemos empezar a salir del anonimato de las terminologías masculinas que nos describen más como “el otro” que como “mujer”.

En la primera parte, pretendo hacer una distinción básica entre el género y el sexo. Pues, dentro de la perspectiva de reciprocidad en la pareja, hay mucha confusión con estos términos. Buscando entonces en la Palabra revelada dentro de las comunidades de fe, encontramos modelos paradigmáticos donde se vislumbra la posibilidad de un sano relacionamiento de iguales. A pesar del dominio del lenguaje androcéntrico presente en la escritura de la experiencia de Dios vivida individual y comunitariamente.

En la segunda parte, a partir de las provocaciones hechas por la Teología feminista, analizaremos nuestra realidad celebrativa y nuestros avances y retrocesos en la producción teológica.

Dentro de ese contexto, debemos insistir con firmeza en la reconceptualización de nuestro lenguaje y de nuestros cuadros intelectuales, de tal forma que las mujeres puedan como los hombres, transformarse como sujetos de cultura humana y de discurso científico.

Tenemos que hacer surgir a las mujeres, históricamente ocultas dentro de los análisis pretenciosamente universales o genéricos que vivimos, porque la manera como las mujeres y los hombres se insertan en el espacio público de producción, las formas de explotación a las que están sujetas y las modalidades de resistencia se diferencian.

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1 - PROFUNDIZANDO LA MISMA CUESTIÓN

 

Para un buen relacionamiento de iguales, se hace necesario aclarar que el término género viene siendo usado para indicar la construcción socio-cultural de la mujer y del hombre, en cuanto dependientes de condiciones sociales que determinan y explican las relaciones de ambos. Tenemos que precisar que los problemas de género no sólo incumben a las mujeres, pues en los últimos años se multiplica la preocupación masculina por este tipo de preguntas, problemas y búsquedas...

Recientemente en México se llevó a cabo un encuentro de hombres para discutir las cuestiones que atañen las nuevas situaciones derivadas de esta problemática.[1]. La masculinidad como un asunto de rescate de las raíces del hombre y de su espiritualidad, vista como algo intrínseco, como núcleo esencial del hombre.

Desde una visión histórica social, la masculinidad es algo que se construye en lo cotidiano, y que se va haciendo constantemente en función de las relaciones que se establecen consigo mismo, con los otros y con la sociedad. De ahí que lo masculino pertenece al campo de lo social y no al campo de la naturaleza biológica.

La práctica de las relaciones entre los géneros implica la transformación de las estructuras simbólicas que, en este proceso, revalorizan el papel social de la mujer. De tal forma que el imaginario del masculino requiere también reconstruir una nueva identidad que permita a los hombres asumir una relación equilibrada con las mujeres. Todo esto depende de la construcción de una nueva cultura que libere tanto a los hombres como a las mujeres de las estructuras sociales de poder que imponen condiciones autoritarias entre los géneros.

Lo que intento de plantear es que las transformaciones culturales que van dando forma a las nuevas identidades genéricas tanto de las mujeres como de los hombres, están más allá de una conciencia de género. En este sentido podemos decir que una persona nace mujer o hombre según el sexo, pero se torna mujer o hombre según el género.[2]

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1.1 - GENERO Y SEXO

 

La distinción entre sexo y género es muy importante. Percibimos las características naturales biológicas de hombres y mujeres, pero también las que fueron construidas por la sociedad.

El sexo se refiere a las diferencias biológicas en los órganos sexuales, a la capacidad de engendrar una creatura y de fecundar de una mujer. En cambio, el género más a los diferentes tipos de comportamiento que se esperan de los hombres y de las mujeres, desde la manera de hablar hasta el modo de vestir. No entanto, el uso “indiferenciado” del sexo o del género apenas como dos palabras diferentes para expresar la misma cosa es una tendencia fuertemente presente en nuestra sociedad. Dada la confusión creada por esta situación, creemos necesario y urgente este esfuerzo de delimitación.

El género es una construcción social. Al considerar nuestra propia historia personal, podemos percibir cuánto fuimos condicionados socialmente. En el mundo del trabajo, por ejemplo, la discriminación de género es evidente. Ciertos tipos de trabajo son determinados para ser desempeñados exclusivamente por hombres y consecuentemente sucede con las mujeres. Por tanto, las mujeres como los hombres son víctimas de estereotipos del género.

Las creencias y los mitos con respecto al género pasan a ser normas aceptadas “por todos”. Más aún, muchas veces, estas creencias y mitos se justifican en la cultura o la religión, incluso mediante el uso de la Biblia para así reforzar la desigualdad en el relacionamiento de género.

Como los estereotipos son creados por nosotros y no por Dios, estos pueden ser cambiados. Es necesario que mujeres y hombres conjuntamente se unan para enfrentar a este dragón.

A partir de la experiencia vivida por la “señora García”, podemos decir que nuestra historia es predominantemente marcada por el patriarcalismo y machismo donde la mujer siempre fue considerada inferior al hombre, a quien ella debe ser siempre sumisa.

Tanto el hombre como la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios, no para entrar en una estructura de “moldes” sea sociales, sea culturales, sino para establecer relaciones de solidaridad y de reciprocidad. Por eso, la utopía del relacionamiento de iguales entre mujer y hombre servirá, con certeza, en el esfuerzo por construir una sociedad más justa e igualitaria.

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1.2 - RECIPROCIDAD

 

...La señora García...

La reciprocidad entre mujer y hombre no es tanto estar frente a frente uno del otro, como seres incompletos necesitando del complemento del “otro”. El hombre tiene en su interior a “la mujer” y viceversa.

El relacionamiento entre ellos no se establece primeramente del exterior para el interior sino al contrario. Es a partir de su mujer “interior” que el hombre se relaciona con una mujer concreta y a través de ella, encuentra un trazo de su propia profundidad. Sucede igualmente para la mujer.

En América Latina y el Caribe podemos percibir la “emancipación corporal de la mujer” como un camino de superación del exclusivismo de la razón y de la voluntad sobre la sensibilidad y la receptibilidad. El punto de partida es la experiencia de vida y del trabajo con las mujeres pobres en su lucha por la sobrevivencia. La reflexión sobre esta emancipación nos lleva a considerar la “corporeidad femenina” como punto de partida de una gran tarea ética que rescate el verdadero sentido de ser mujer o ser hombre, como seres creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,27).

Esta emancipación corporal se concretiza en el ideal receptivo del (de la) otro (a) dentro del sentido conceptivo del “útero” entendido como posibilidad de superar el mundo masculinizado y competitivo. Se habla más de colaboración que de subordinación y más de mutualidad que de complementaridad, sin embargo, las estructuras de toda cultura continúan llevando marcada la masculinidad.

En los nuevos avances que la mujer viene haciendo, algo peculiar es que, en medio de la “ opresión de las minorías”, ella descubre que constituye “la mitad de la humanidad” presente en todas las mayorías y en todas las minorías tanto religiosas, culturales, raciales, como económicas y sociales. A partir de esta constatación, se hace necesaria y urgente la creación de nuevas “claves de lectura” de la realidad social y de la Palabra Sagrada que permitan una producción teológica y práctica eclesial, principalmente en relación a las cuestiones referentes al relacionamiento de género.

Los “patrones masculinos – blancos” – exclusivos de comprensión del mundo y de las interpretaciones de la realidad, son hoy percibidos como inadecuados para responsabilizarse de la totalidad de la experiencia humana. El discurso de mujeres en la sociedad, en general, dentro de la iglesia y en las instituciones académicas, en particular, constituye un discurso masculino sobre las mujeres y para ellas.

Las lágrimas de las mujeres, es decir, las experiencias diferenciadas según su clase, raza y cultura son, por así decir, un lugar epistemológico apropiado para hacer teología. Percibiendo a las mujeres no solamente como oprimidas, sino también capaces de resistir y organizarse, de hecho, como merecedoras de sus derechos sociales y de un lugar digno dentro de las estructuras sociales existentes. Existe un gran esfuerzo de búsqueda de sí misma, sea individual, sea colectiva, en la perspectiva de la comprensión de su propio “yo” independientemente de las definiciones preestablecidas.

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1.3 - ¿Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS?

 

Dios se revela en la persona humana que se torna un espejo Dios[3]. Mujeres y hombres en comunión recíproca desde el inicio de la creación; representan igualmente la imagen de Dios sobre la tierra (Gn1,27). Por tanto, siendo un Dios que se revela de manera femenina y masculina, él no puede ser representado en nuestros proyectos evangélicos únicamente mediante símbolos masculinos.

En las Sagradas Escrituras aparecen ciertos simbolismos en torno de la figura femenina para colocar en relieve la realidad de la mujer olvidada durante siglos patriarcales. Las figuras femeninas de Agar, Sara, Tamar, Hulda, Miriam, Ana, Noemí, Ruth, Judith, Esther, Magdalena y por supuesto, María... son, al mismo tiempo, imágenes de mujeres y imágenes de un pueblo que, independientemente de la veracidad de su historia, realizaron acciones extraordinarias, contribuyendo a la salvación del pueblo de diferentes formas y situaciones. Podemos ver como a través de sus acciones heroicas se revela no únicamente la resistencia y el combate de las mujeres, sino de todo el pueblo excluído.

Pues la historia no es de los grandes hombres y mujeres, sino un tipo de tejido artesanal de diferentes colores, dibujos, hilos entrelazados. Es de esta forma que captamos y alimentamos el deseo, como Latinoamericanos y Caribeños, por una vida religiosa insertada en la vida del pueblo; es decir, que se exprese a través de sus cantos, oraciones, cosmovisión y que tenga una participación directa en sus penas y alegrías.

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2 - GÉNERO Y ETNIA- SINCRETISMO EN NUESTRAS RAÍCES

 

Considerando nuestro origen mestizo del cual somos fruto, vale la pena resaltar que aceptarse como negra o negro es por sobre todas las cosas una postura política frente a la tentativa de “blanqueamiento”a la cual estamos sujetos. Es un hecho que la epidermis clara favorece un cierto status social, la participación de la mujer y del hombre “negro (a) claro (a) o mulato (a)” en determinados espacios culturales, sociales, políticos y religiosos. En contraposición, creemos que ser negra o negro implica un compromiso radical con una causa de un pueblo que es nuestro. La cuestión de la negritud está en ciernes en la formación social y religiosa de nuestro continente y de las exigencias de los cambios estructurales que se requieren.

El racismo y el sexualismo como formas de exclusión de mujeres y negros están fuertemente presentes en la sociedad presente[5], incluso entre nosotros. No obstante, creció significativamente la conciencia de que podemos superar todas estas ideologías, mediante un serio esfuerzo de reeducación en la perspectiva de relaciones de reciprocidad.

Si el hombre negro sufre todo tipo de discriminación racial, las mujeres negras son aún doblemente víctimas. De esta forma, ser negra es sumergirse en una realidad cruel, sobre todo frente a los modelos y referencias positivas de la mujer blanca.

Para las personas negras, es decir de piel oscura, de cabello crespo y subsecuentemente las demás características negras, relacionadas a los aspectos sociales y culturales, se genera toda una simbología de aspecto negativo, en términos de preto, sujo, lutuoso, triste, en contraposición a la raza blanca asociada a conceptos de finura, pureza, bondad, paz, serenidad. Para los negros, los preconceptos de fealdad son asociados, por lo demás, sea consciente o no, a la noción de subalternidad.

La mujer negra se sitúa con bastante ambigüedad dentro de esa situación. Por un lado, es excluida por causa de su piel; por otro, especialmente la morena, es vista como seductora, “buena para el amor”, en detrimento de sus sentimientos, deseos e sueños.

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2.1 - LA EXPERIENCIA RELIGIOSA DE NUESTRAS MADRES Y PADRES

 

La esclavitud vivida por nuestros antepasados en tierras extranjeras: América Latina, Caribe y otros, es marco referencial en el proyecto de nuestra identidad colectiva en construcción. Somos constantemente impulsados a probar que somos capaces de enfrentar el complejo de inferioridad impuesto a la mujer y al hombres negro. Siendo así, apostando en las relaciones de intercambio, que es peculiar del ser humano, creemos firmemente en la posibilidad de un enriquecimiento mutuo. Pues la manera específica de ser hombre o mujer influencia considerablemente nuestra visión del mundo.

Como pueblo profundamente comunitario y heredero de tradiciones matriarcales y patriarcales, nos queda a nosotros la tarea y el desafío de colocarnos con nuestra herencia al servicio de la posibilidad de recrear las experiencias vividas por nuestros ancestros, procurando crear relaciones más armoniosas o equilibradas entre mujer y hombre.

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3 - GÉNERO Y LITURGIA- LAS SUBJETIVIDADES EN LA COMUNIÓN.

 

En su reforma Litúrgica, el Concilio Vaticano II (1962-1965) intentó remontarse a la liturgia de la Iglesia primitiva, de índole profundamente comunitaria, en sintonía con la recuperación de la imagen eclesiológica paulina de “Pueblo de Dios”. Reformulados los libros oficiales para todas las formas de celebración, surgirán entonces nuevos conceptos y un uso más intenso de la Biblia. Hasta la reforma litúrgica, las iniciativas accesibles a las mujeres tenían que limitarse sobre todo a formas paralitúrgicas de devoción, como por ejemplo el rezo del rosario común.

Estimuladas por la crítica que las feministas hacen a la liturgia, las mujeres comenzaron a percibir que en el lenguaje del culto, de los cantos, de las oraciones y de los textos bíblicos utilizados en la liturgia, ellas nunca o casi nunca aparecían [6]...

Lo que la liturgia dice y hace en relación a la mujer ¿Cómo se habla de la mujer o se la ignora? ¿Qué mujeres son recordadas y cuales son olvidadas? ¿De qué maneras son las mujeres incluídas o excluídas de las acciones litúrgicas?

Þ      Aunque siempre se afirme la unidad bautismal de todos los cristianos, muchas veces, la liturgia siempre ha reconocido apenas los dotes de liderazgo de los hombres.

Þ      Aunque se presente una visión de integridad humana, muchas veces en términos abstractos, el culto de la Iglesia no ha llevado en serio las luchas de día a día de la mujer por la sobrevivencia, por la dignidad, por el derecho de controlar nuestro cuerpo, nuestra sexualidad y nuestro futuro.

Þ      La liturgia ha exaltado la obediencia, la humildad y la abnegación. Los bancos de la Iglesia son ocupados en su mayoría por mujeres, pero a pesar de eso, en el lenguaje de la liturgia, lo femenino es siempre visto como una excepción o minoría.

Þ      Los textos que hablan de las mujeres fueron incluidos en el leccionario por causa del lugar de la mujer en la historia de algún héroe o actor masculino.

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3.1 - IDEAS CONTRADICTORIAS, PROVENIENTES DE LAS MATRICES DISCURSIVAS HETEROGÉNEAS

 

Por un lado hay la propuesta de la Iglesia progresista proponiendo integrar a la mujer en el mundo a través de las luchas sociales y de la participación en la comunidad, sugiriendo la igualdad en la familia y el respeto en lugar de la sumisión. De otro lado, a través de varias corrientes de pensamiento que reclamaron del feminismo, el tema de las mujeres como personas iguales y, sin embargo, diferentes en su cuerpo, en la maternidad, pero subordinadas en la relación con la sociedad y en la relación con los hombres.

Estamos convencidos de que los discursos feministas fueron importantes para llamar la atención sobre la discriminación social tanto cuanto para la subordinación personal de las mujeres, en su sexualidad y en las relaciones familiares.

La liturgia es un espacio lúdico que favorece experimentar anticipadamente la utopía del Reino, respetando la singularidad de cada persona, compartiendo la vida, la comida, la bebida, el perfume que sube en alabanza a Dios, y el compartir juntos el pan preparado por tantas mujeres, las cuales infelizmente en el banquete permanecen lejanas a la mesa.

Sin embargo, hemos registrado en nuestra memoria afectiva la diaconisa que fue y que continúa siendo en nuestras madres que, al repartir el pan, primero alimenta sus hijos y sus hijas, y sólo después es que ella se alimenta, cuando esto es posible; pues tenemos experiencias de madres y padres que viven en condiciones infrahumanas, en que el alimento no es suficiente ni para los hijos y las hijas.

Este dato social y antropológico nos interpela a rescatar, en nuestras experiencias litúrgicas inculturadas, la presidencia compartida entre mujeres y hombres en la ardua aventura de compartir. Retomo el verso de una canción: “pueblo negro quiere formar una rueda diferente....”, en esa rueda hay lugar para todas las personas, sin sexismo; pues nuestra historia es parte de una historia que heredamos con elementos específicos que nos particularizan frente a otros grupos.

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4 - CUESTIONES DE GÉNERO Y TEOLOGÍA

 

En una clase de teología con 70 alumnos, hay solamente dos teólogas. ¿Será que la academia no es un espacio para el relacionamiento de iguales? ¿La producción teológica a partir de la hermenéutica femenina y masculina no sería un camino de superación de esa crisis de identidad que vivimos?

La constitución del saber como espacio masculino por excelencia se articula con la cuestión de la exclusión femenina del poder en la sociedad, en general, y en las iglesias, en particular. En el caso de la institución eclesial, el hombre es el detentor del poder sagrado de establecer la mediación entre las personas humanas y la divinidad por el sacerdocio ministerial. Con todo, heredamos de las tradiciones culturales africanas la visión del mundo en que la mujer y el hombre se comprenden como seres envueltos por Dios. Dios es madre y padre que creó de una sola vez la familia humana en su totalidad, junto con la naturaleza con la cual el hombre y la mujer establecen una relación de interacción.

El pensamiento androcéntrico definió a las mujeres como “lo otro del hombre”, y nos redujo a meros “objetos” de la ciencia masculina. De ahí la palabra recuperada por las mujeres de constituirse, como una propuesta de reformulación de los paradigmas tradicionales y de comprensión de análisis de la realidad.

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4.1 - TEOLOGÍA FEMINISTA – TF

 

Se trata de un movimiento teológico que surgió en Europa del Norte y en los EUA paralelamente a la teología negra y a la teología de la liberación en América Latina. En esa teología, la experiencia personal es también un lugar teológico y punto de partida para la teología. La TF es un hacer teológico abierto a la complejidad del relacionamiento humano que incluye lo plural, lo diferente, el otro, la otra.

El hacer teológico pasa a ser marcado por el “yo” de mujeres y hombres empobrecidos, víctimas de ideologías excluyentes. La TF apunta para la necesidad de nuevos conceptos, formulación, imágenes y lenguaje relacionados a la cuestión de Dios.

Para la TF, Dios es fuente de libertad, de inquietud, de acción creativa, de relación amorosa e impulso a lo nuevo.

Esta teología cuestiona la imagen del Dios viril y busca recuperar el Dios de la revelación de ISRAEL, que se dio a conocer, Aquél que hace ser, que se desdobla en el ser creado, que se relaciona con la creación, como un Ser Humano en una reciprocidad ofrecida y recibida. Tal una visión antropológica de la relacionalidad, pues acoge la diversidad en el modo de creer y de relacionarse con el Misterio divino, siendo ampliamente ecuménica.

Es una teología holística que busca recuperar las dicotomías cuerpo-espíritu, cielo- tierra, hombre-mujer, naturaleza-historia, para revelar el valor en sí de cada ser existente. La TF se sustenta en una antropología unitaria que concibe al Ser Humano como un todo.

La TF igual a otros movimientos teológicos como el movimiento negro, el movimiento indígena y ecológico, está sustentando una reelaboración de las prácticas religiosas con nuevos valores con base en la vida, en los sentimientos, en la subjetividad y en las relaciones basadas en la igualdad y la reciprocidad.

En el intento de gestar una teología en que el hablar de Dios sea una fuente de vida, emanando, brotando, cada vez, con más fuerza, nace la necesidad de cambiar la idea de un Dios que está en nuestro imaginario religioso que heredamos. Salir de las consideraciones de principios absolutos y entrar en la relatividad, en las circunstancias; salir de la lógica del fuerte e introducirse en la existencia de la fragilidad.

De ahí, la pluridimensionalidad a partir de la valorización de las diferencias, del diálogo y del reconocimiento de las diversidades. La salvación como restauración de la existencia de la historia, no como algo mas allá de la historia.

“La TF es por tanto una teología de liberación para hombres y mujeres. La reconstrucción de las relaciones igualitarias entre mujeres y hombres tendrá inevitablemente interferencia en la economía, en la política, en la ecología,en la justicia, en la guerra y en la paz....”[7]

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5 - VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

 

Hablar de violencia racial en Brasil es hablar de una pasado de opresión, más también de luchas, donde la mujer negra tuvo y continúa teniendo una participación decisiva para la liberación de su pueblo.

La condición de esclava nunca fue sinónimo de sumisión. La mujer esclavizada era, antes de todo, un ejemplo de rebeldía, sea a través de acciones organizadas o de revueltas cotidianas y esporádicas.

A pesar de enfrentarnos hoy con la ausencia de datos estadísticos que nos permita calificarla, una vez que la variable étnica no es contemplada en los datos oficiales o no oficiales, tenemos elementos suficientes para considerar al racismo como un factor fundamental en la producción de las varias formas de violencia contra la mujer negra. De las más sutiles a las más visibles, manifestándose a través de:

Ø      La discriminación en el mercado de trabajo bajo el clásico: “se exige buena presentación”.

Ø      De la descalificación de su imagen, vehiculada de forma negativa en los medios de comunicación y en los libros didácticos.

Ø      De la esterilización masiva de mujeres negras, principalmente en el Norte y Noroeste del país.

Ø      De la invisible violencia doméstica así como también sexual.

La violencia debe ser combatida a un nivel público así como también privado, como forma de construir juntos, de hecho, una sociedad igualitaria y solidaria.

Para Brasil, se estima que entre 20% y 25% de las familias son dirigidas por mujeres. Los indicios de que la mayoría de estas mujeres son negras son muy fuertes, en particular por el hecho de que “casi siempre las jefas de familia son empleadas domésticas y, en general, analfabetas”. Basta que crucemos los datos sobre educación y trabajo para constatar que “ser empleada doméstica y ser analfabeta” casi siempre son condiciones vivenciadas como exclusivas de mujeres negras.

Según datos estadísticos, considerando el promedio salarial de todo el país, los hombres blancos reciben 6,3 salarios mínimos, los negros y mestizos 2,9, las mujeres blancas reciben 3,6 salarios mínimos, y por último, las mujeres negras y mestizas reciben únicamente 1,7 salarios mínimos.

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6 - CONSIDERACIONES FINALES

 

Mujer, en tu pecho, el placer del ser.
La vida, tu historia,
marcada por el deseo de ser
Simplemente mujer!
En tu cuerpo cargas como nadie
El secreto de la vida!
En tu historia el trazo de la indiferencia,
de la discriminación, de la opresión...,
en ti el amor más lindo,
La belleza más trasparente,
el afecto más puro
Que me hace hombre!

Eliomar Ribeiro de Souza[8]

Muchas cosas que decimos diariamente reflejan las normas de nuestra sociedad. Sin embargo, existen reglas sociales que perjudican personas, grupos sociales, aún sin haber sido creadas con este objetivo. Pues las normas además de informarnos sobre cómo debe ser cada persona – lo que es ser una mujer, un hombre, una señora, un señor, una religiosa, un padre... - nos indican también los caminos de vida que debemos seguir.

Estos modos producen en nuestra sociedad valores diferenciados para lo que es masculino y lo que es femenino. Las normas de género producen para las mujeres pocas esperanzas y posibilidades, como por ejemplo, tener en el casamiento un destino. A pesar de todos los cambios, el casamiento y la maternidad aún son dominantes en la vida de las mujeres.

Hoy en día las mujeres pueden hacer otras cosas – estudiar, trabajar, participar en el sindicato- y estas actividades pueden ser hasta valorizadas, sin embargo, todavía es fundamental que sean esposas y madres. Para los hombres, las opciones son muchas y variadas. matrimonio y paternidad, ambos importantes, no son necesarios en la vida de ellos.

Con todo, la teoría de las relaciones sociales de género que traspasa las varias formas de subordinación de la mujer al hombre en el sentido patriarcal, en el feudalismo, en el capitalismo y en la actual división internacional del trabajo, está modificando incluso la práctica de los grupos feministas en el sentido de dejar de hablar de mujeres para mujeres, pero encontrar medios más eficaces de cuestionar el poder establecido. La tendencia hoy es de que las mujeres creen espacios autónomos con conciencia de género y propuestas claras.

Una sociedad dividida en género de personas precisa de un derecho, que parta de esa realidad. En la elaboración de ese nuevo derecho, nosotras mujeres, tendremos que participar con más que lamentos sobre la injusticia de nuestra condición. Precisamos de una teoría jurídico feminista bien articulada, que no tenga necesidad de apelar a la buena conciencia de un juez, pero que se mantenga por su propia fuerza.

En otras palabras, precisamos reflexionar para poder crear una nueva doctrina jurídica a partir de nuestra ya vasta experiencia latinoamericana en el campo de la defensa de los derechos de la mujer. Contra el carácter machista del Derecho, las mujeres precisan de una teoría jurídico-feminista articulada para mantenerse por su propia fuerza.

La sociedad será más justa y armoniosa cuando derechos y deberes sean igualmente compartidos por las mujeres y los hombres. Una sociedad en que los sexos-géneros viven realidades mucho distintas, difícilmente tienen condiciones de producir un derecho neutro dentro de ese ámbito, especialmente si es apenas uno de esos sexos el que define el derecho o, por otro lado, la realidad de uno de ellos es llevada en cuenta como modelo para determinar las reglas de su promulgación y aplicación.

La quilombola madre negra Aparecida nos anteceda y nos confirme en esa largo camino por la liberación.

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BIBLIOGRAFIA

GEBARA, Ivone. As Incômodas Filhas de Eva, São Paulo, Ed. Paulinas, 1989
___________. Vida Religiosa, da Teologia Patriarcal à Teologia Feminista, São Paulo, Ed. Paulinas, 1992

___________Cristologia: Ressurreição, relatório/ Kunaite, seminário, Faculdade N. S. da Assunção, Ipiranga, São Paulo, maio 1992

RESS, M. Judith et ali, Edits., Del Cielo a la Tierra. Santiago, Quatro Vientos, 1994

SANTISO, M.Tereza P. A mulher espaço de Salvação, São Paulo, Ed. Paulinas, 1993

FIORENZA, E. S. , As Origens Cristãs a partir da Mulher. Paulinas, 1992

BIEL, J. G. , De igual para igual. Vozes, 1987

ALVES, Ruben. Variação sobre a vida e a morte, São Paulo, ed. Paulinas, 1982

ALCANA, Manoel “ A emancipação feminina: Desafios à Teologia e a Reforma Eclesial ”, in: Concilium, 154-1980/4, Vozes, Rio de Janeiro

SALISBURY, Joyce E., Pais da Igreja, Virgens Independentes, Scritta, 1995

SOBERAL, J. D., O ministério Ordenado da Mulher, Paulinas, 1998

REVISTAS:
_____________TEMPO E PRESENÇA, ano 11 nº 248, Publicação do CEDI, Dezembro 1989
_____________REVISTA UTOPIAS MAYO DE 1999, AÑO VII Nº64
_____________CONCILIUM/ 202 – 1985/6 TEOLOGIA FEMINISTA
_____________RIBLA 15, Por mãos de mulher, Vozes, 1993

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NOTAS

[*] Sônia Querino, originaria de Salvador Bahía, lleva en su experiencia religiosa los trazos de la espiritualidad de los “orixás”. Ella desempeña junto a las comunidades negras un trabajo de promoción de la espiritualidad litúrgica afro, en diferentes rincones del inmenso quilombo denominado Brasil. Actualmente, junto con otras religiosas de congregaciones diferentes, está intentando plantear una experiencia de VR Afro en la Diócesis del Valle de Ribeira- SP, región marcada pela presencia resistente de los resurgentes de Quilombo. En fin, ella es miembro del equipo de coordinación de VR afroamericana e Caribeña- CLAR.

[1] Rafael Montesinos. Profesor de la universidad Nacional Autónoma de México – UNAM

[2] Simone de Beauvoir, O segundo sexo. Fatos e Mitos

[3] II Cor 3,18 ; Puebla 32-39

[5] Aparece "abrangente" en el texto original.

[6] Diccionario Feminista

[7] Manuel Alcana

[8] Poema extraído do Manual da Campanha da Fraternidade, ano 1990, CNBB- Brasil

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