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HISTORIA DEL PUEBLO AFROCOLOMBIANO - PERSPECTIVA PASTORAL

CAPITULO 10


EXPERIENCIAS SIGNIFICATIVAS AFRO
EN LA VIDA RELIGIOSA Y EL SACERDOCIO



 

Misioneras de la Madre Laura (1917)

Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María (1957)

Seminario San Buenaventura (1964)

Seminario Afroclaretiano en el Chocó (1978)

Seminario Afrocolombiano - Guapi (1980)

Fraternidad Misionera de María (2003)

Religiosos y Religiosas Afro en Diferentes Congregaciones

Encuentros de Vida Religiosa Afrocolombiana

Vida Sacerdotal Afrodiocesana

 


 
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Misionera Lauritas Africanas y Afroamericanas alrededor de la cama donde murió la Madre Laura
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MISIONERAS DE LA MADRE LAURA (1917)

La Beata Laura Montoya fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, nace en Jericó, Antioquia y es educada en el ambiente racista de su época (1874-1949). Sin embargo, encontramos en su Autobiografía experiencias de acercamiento y valoración a representantes del pueblo negro, como también la comprobación de la situación de marginación y de pobreza que no dudó en fundar algunas casas misioneras entre afrocolombianos y en recibir en la Congregación jóvenes de este grupo étnico.

Desde 1968, la Congregación, con una visión ad gentes se proyecta al continente africano, donde hoy se tienen 5 casas misioneras en Kionzo, Kinzundu, Lukala, Kinshasa de la República Democrática del Congo y Noki-Angola; en Colombia se hace presencia en Buenaventura y Puerto Merizalde (Valle), Villarrica y misiones esporádicas en Cajibío (Cauca), Noanamá (Chocó), Vigía del Fuerte y Turbo (Antioquia), Uré (Córdoba), Cartagena (Atlántico). Como expresión de opción radical por el grupo más pobre entre los pobres, en 1989 se realiza un fundación en Astorga, República Dominicana y finalmente en 1999 en Haití.

Entre los datos que nos muestran el proceso que se dio en la Madre Laura en su acercamiento al pueblo afroamericano encontramos los siguientes:

La Providencia de Dios se manifiesta Gregorio el panadero:

En 1906 la maestra Laura sufre la calumnia, la persecución y el rechazo de la sociedad medellinense, como consecuencia de la novela "Hija espiritual" escrita por el Dr. Alfonso Castro. Se retiran todos sus amigos y conocidos y queda con su madre y hermanos con dificultades hasta para conseguir el pan de cada día, en estas circunstancias nos cuenta en su Autobiografía:

"Un día se apareció en la casa un hombre negro, con los pies hinchados que apenas parecía que podía andar. Creímos que pediría limosna; pero ¡era el Ángel de Dios! Me dijo: Misia Laura, ¿usted porque no pone una panadería?"[48]

Entre dudas y temores la maestra se deja ayudar por Gregorio y él le construye el horno, le trae los materiales y luego se encarga de vender el pan. Cuando ya está instalado el negocio, muere Gregorio y Laura hace la siguiente interpretación:

"Fui al entierro y en él estaba representado el Seminario, el Capítulo Catedral, y la Comunidad de los Hermanos Cristianos. Todo me pareció extraño. Pero logré saber que era un santo y que, como en su tiempo de salud había servido mucho, le guardaban las mayores consideraciones, pero que jamás había querido aceptar nada. Lo lloré como era debido y mi agradecimiento con Dios era inmenso. ¡A ese hombre negro le debíamos el pan! Quedamos perfectamente establecidas. ¡Por supuesto que mi dolor era mayor por no haber sabido lo que tenía en la casa! ¡Así mueren los santos que han preferido la humillación a todo! Supe que Gregorio comulgaba todos los días pero nadie lo sabía porque lo hacía en la misa de 4 (a.m.) y cambiaba de Iglesia todos los días"[49].

Fundación de una Casa Misionera en el Palenque de Uré

Después de las fundaciones en Dabeiba, (1914) Rioverde, El Pital, Murrí y Chontaduro entre los indígenas Katíos del Departamento de Antioquia, la Madre Laura se desplaza hasta Uré, Departamento de Córdoba, para realizar la sexta fundación de la naciente congregación. En la Autobiografía narra todos los inconvenientes del viaje y la incomprensión de varios eclesiásticos.

El viaje comprendió muchas escalas, de Cartagena a Calamar en tren, de allí hasta Magangué en una confortable embarcación, de Magangue hasta Ayapel en una gasolina o buquecito que había empezado a surcar el San Jorge. En Ayapel tuvo noticias de la realidad de Uré:

"Supimos allí que Uré era desconocido de todos y se tenía de él la idea terrible de lo desconocido. Sólo Don Luis Paniza nos dio algunos informes consoladores. Nos dijo que verdaderamente el camino no existía; pero que Uré era un pueblo de personas negras, descendientes de los que habían traído en la época de la colonia para laborar las minas, procedentes del África, pero que aquellos paganos todavía eran inclinados a las cosas buenas..."[50]

Laura y su compañera siguen su viaje pensando que ubicadas en Uré, mientras esperan a los indios, pueden apoyar a la población negra. Aún les faltaban varios días de viaje y pueden comprobar que navegar por el río San Jorge era una aventura que sólo realizaban arriesgados comerciantes en canoas de remo, vendiendo sus productos por las riveras del río.

Las dificultades del camino, la falta de oportunidades de los ribereños preparan el corazón de las misioneras para entender que el Señor las llamaba a trabajar y conocer una nueva cultura. La descripción que hace la Madre Laura de Uré tiene una gran importancia histórica pues nos ubica en el proceso vivido por los palenques:

"Aquel pueblecito contaba entre las muchas gracias que tenía, la de haber conservado por más de cuatrocientos años una especie de dinastía religiosa. La religión, mezcla de catolicismo y de tradiciones africanas, estaba representada por un anciano siempre en cadena o sucesión no interrumpida, porque en el lecho de muerte de uno, nombraba el otro y a éste se sometían todos en lo religioso, sin poner ninguna suerte de reparos jamás. Este anciano desempeñaba las funciones del culto en un rancho largo que lo llamaban la iglesia católica, sin pena de ninguna clase. La religión tenía todo y muchos latinajos que rezaba el ancianito revestido con unos ornamentos y capas... El hacía los entierros …, bautizaba bien... Hacía la fiesta con rezos y cantos en medio de bailes...

Cuando fuimos ejercía las funciones del culto el Señor Hilario, ancianito muy respetable por un aparato austero y venerable que había adquirido a fuerza de desempeñar tan terrible y desventajoso empleo, pues jamás se le pagaba nada ni se le daba tiempo para trabajar. Vivía pues muy mal, pero sintiéndose muy honrado por ser el depositario de la religión y culto de las tradiciones de su raza. Nada turbaba al Señor Hilario, ni su misma pobreza, pues estaba enseñado al pescado que su mujer anciana cogía todos los días. Tenía paciencia invicta con las tropelías de sus feligreses y nada lo inquietaba".[51]

Una Religiosa afrocolombiana entre las Cofundadoras de la Congregación:

En el año 2.000, con motivo del Jubileo, el Boletín Informativo Caminando Juntas publica un Homenaje a las diez primeras Cofundadoras, el grupo que inicia el noviciado canónico el 1 de enero de 1917 en Dabeiba, cuando la Madre Laura emite sus Votos Temporales y la experiencia misionera se constituye en congregación religiosa diocesana.

El número siete de este grupo le corresponde a la Señorita María de los Ángeles Hernández Yépez de Robledo, Antioquia, de ella dice la crónica congregacional:

"...Una morena fornida, trabajadora incansable y fervorosa... tenía muy buena voz, cantaba fuerte y bien en las ceremonias religiosas y en las misas. Aún en su vejez entonaba cánticos al Señor. Su boca no se ocupó sino para alabar a Dios y decir jaculatorias. Cuando se le preguntaba como estaba de salud o cómo le iba en su vida, siempre contestaba con este estribillo -Así como Dios quiere-"[52]

En la Congregación recibió el nombre de María Santa Zita, y al hablar de ella varias Hermanas reconocen que su testimonio de vida atrajo valiosas vocaciones a la Congregación por "el espíritu de oración y unión con Dios que poseía... inspiraba respeto a cuantos la contemplaban". Todos los trabajos que realizaba los hacía con amor y alegría. En el año de 1964 la traen a la enfermería de Medellín, bastante delicada de salud pero "llena de amor a Dios, de cariño y paciencia", muere el 10 de mayo de 1971 a los 99 años de edad, ganándose el título de Cofundadora de la Congregación por su fidelidad y testimonio de vida.

Carta de la Madre Laura sobre una misionera afrocolombiana y el Seminario Etiópico de Roma

En el Archivo de la Arquidiócesis de Popayán reposan algunas cartas de la Madre Laura a Monseñor Maximiliano Crespo y a otras personas. No nos debe extrañar el lenguaje propio de la época sino la intuición de que también el pueblo negro tiene derecho a un espacio en la Iglesia como en la sociedad. Entre las cartas nos interesa la siguiente, dirigida a una religiosa de otra Congregación:

"Antioquia, 7 de abril de 1935. Muy amada Sor María de Inmaculada Hoyos.

Mucho me alegra que quiera... la raza negra... Entre negros puros tenemos unas tres casas y he podido apreciar lo que es su orfandad, pero alégrese porque esa pobre raza comienza a redimirse con el Seminario etiópico que tiene el Santo Padre en el mismo Vaticano, es numeroso y son todos de color satín, ya se han ordenado varios y me tocó oírle la misa en rito armenio al primer Obispo de aquél seminario, antes de salir para Albania.

Era conmovedor ver al Prelado aquél, rodeado de Monseñores blancos que le servían como a un rey, celebrar el Santo Sacrificio y la Santa Hostia tan blanca lucía en aquellas manos negras como si estuviera engastada en azabache hermosamente en el momento en que mostraba la Sagrada forma al pueblo, según el rito armenio. Le ofrecí al Señor recibir en la Congregación una negra de pura raza africana para que Él nos permitiera trabajar con los pobres negros.

Ya tengo la hermana Profesa porque al llegar de Roma se me presentó la oportunidad de cumplir la promesa, ha resultado una y muy buena... Acompaña a las hermanas en las excursiones y enseña muy bien el catecismo y los cantos. En la Misión en dónde está la acatan como a las demás hermanas; se llama María de la Sagrada Familia. Fue formada por las Misioneras en Uré y desde que tenía doce años o quizás menos hacía su voto de castidad de año en año. ¡Ya ve, querida mía, como en esa pobre raza hay almas de elección! Mucho le pudiera referir de esto pero ya el tiempo se me agotó...Laura de Santa Catalina"

Por ser un Instituto internacional entendemos que no faltan las limitaciones propias de la convivencia entre diversas culturas, pero la intuición de la Madre Laura y la reflexión contínua en la riqueza de la diversidad han permitido que hoy, entre las mil misioneras que integran la Congregación, se cuente con 16 religiosas afroamericanas y 14 africanas y que la Pastoral africana, afroamericana y caribeña se constituya al lado de la Pastoral Indígena y Urbano-marginalizada en opción de la proyección misionera para toda la Congregación.
 

HERMANAS FRANCISCANAS MISIONERAS DE JESUS Y DE MARIA (1957)

Las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María, son un Instituto autóctono colombiano, nacido en Potrerillo, Valle el 15 de agosto de 1957. El Espíritu Santo que animó a la Madre Berenice Duque a fundar este Instituto Misionero, donde las jóvenes, preferencialmente las de etnia negra, pudieran entregarse a Dios en la vida consagrada y a participar de la acción misionera de la Iglesia en su propio medio, con su propia gente, para anunciar el mensaje de salvación y prestar servicio humilde e incondicional entre los más necesitados. Todo a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo y en conformidad con el Espíritu de San Francisco de Asís y Madre Berenice, con proyección AD- GENTES.
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Grupo de religiosas afrocolombianas Franciscanas de Jesús y de María
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La Madre María Berenice, fundadora también de la Comunidad Religiosa HERMANITAS DE LA ANUNCIACION, después de orar mucho, de pedirle al Espíritu Santo, reflexionar, discernir y sufrir ante la dificultad de emprender una obra grande, pensando en su seguro desarrollo, con carencia económica, pidió ayuda y escribió a los diferentes Obispos en territorios de Misión, entre ellos Monseñor Gerardo Valencia Cano, y a Monseñor José Miguel López Hurtado OFM, quien le dio respuesta positiva inmediata y acogida en la Prefectura Apostólica de Guapi. Es aquí donde se ha gestado y crecido esta comunidad religiosa desde el año 1978, dándole respuesta así al origen Fundacional.

En el año 1984, las Hermanas que integraban esta Comunidad fueron declaradas y acogidas por la Orden Franciscana y aprobadas más tarde como Comunidad Religiosa Diocesana por el actual Prefecto Apostólico Monseñor Rafael Morales Duque OFM. En la historia de la Congregación se pueden distinguir varias etapas:

Primera Etapa: 1957

Inicio de la Rama Misionera por solicitud de jóvenes afrocolombianas a la Madre María Berenice. Con el apoyo de Monseñor Joaquín García Benítez, Obispo de Medellín, organizan el Noviciado en Potrerillo, destinado a la formación de la Rama Misionera, bajo al dirección de Teresa de la Inmaculada, Hermanita de la Anunciación. Este hecho le dio solidez a la Obra, recalcando a las hermanas las virtudes, valores y actitudes propias de una Religiosa Misionera.

Segunda Etapa: 1958-1976

De 1958 a 1959 se detecta preocupación por el mejoramiento de la vivienda con la colaboración del pueblo, dificultad para el sostenimiento económico, necesidad de educación y atención en la población.

Colaboración de las Hermanas Bethlemitas, Leonorcita Valderrama y Clarita Toro, Don Rafael Uribe,Juan Franco, Libardo Díaz, algunas instituciones privadas y gubernamentales, también personas generosas.

Inauguración de la Parroquia Corpus Christi con su Casa Cural, condición hecha por Monseñor Castro Becerra a la Madre Berenice. Florecimiento vocacional entre las jóvenes afrocolombianas.

1960-1968, primeras Profesiones Religiosas y paso al Noviciado. Renovación de las primeras Hermanas Profesas. Fundación de las primeras Obras de Misión: Guapi, Santa Bárbara de Timbiquí, López de Micay (Cauca); Buenaventura, Rozo, Bolo, San Isidro (Valle), Istmina, Certegüí y San José del Palmar (Chocó). Primeros Votos Perpetuos; cambio de Gobierno en la Comunidad de las Hermanas de la Anunciación. La Madre Fundadora deja de ser Superiora General, es enviada a España y separada de las Misioneras.

1969 a 1975: Proceso de Desarrollo y Conflicto

Las Hermanitas de la Anunciación deciden integrar la Rama Misionera, el Noviciado y las Obras. Por este motivo se realiza una serie de correspondencia entre la Hermana Fundadora y la Hermana Martha de la Cruz, en comunidad Hermana Lina y exhorta para el diálogo con el Obispo de Palmira expresándole la problemática y el informe del viaje del Padre Campiño a Roma.

La Madre Berenice se preocupa por la falta de comunicación con la Rama Misionera y el nuevo Gobierno reúne una semana a las Misioneras con el fin de integrarlas a la Anunciación, pero éstas rechazan la idea porque deseaban ser fieles al mandato fundacional.

Se da cierre del Noviciado Misionero enviando a las novicias a profesar a Medellín y yendo las Postulantas de Medellín a Potrerillo. La Anunciación se organiza en Provincias afectando a las Misioneras. Visita de la Madre a Potrerillo obedeciendo el mandato jerárquico. Ultimos votos perpetuos en Potrerillo. Capítulo especial con invitación a las misioneras para resolver la situación.

Tercera Etapa: 1976-2000

Refundación, Organización Y Puesta En Marcha La Vida Del Nuevo Instituto Misionero.

Al verse despojadas de sus bienes, las Misioneras vivieron una tristeza profunda. Piden dispensas de sus votos quedando libres de todo vínculo con las Hermanas de la Anunciación.

En la Prefectura de Guapi, por petición de la Madre Fundadora al Prefecto Apostólico José Miguel López de la Orden Franciscana, fueron aceptadas y acogidas, ofreciendo discernimiento, reflexión y luego formación y conocimiento franciscano.

La Madre Berenice persiste en el apoyo a la Rama Misionera y no ahorra esfuerzos en establecer comunicación con las Hermanas, con los Franciscanos y con la Jerarquía, en esta situación Monseñor José Miguel López solicita a la Madre Berenice no intervenir más con el grupo. Insiste al grupo que su espiritualidad es la del Evangelio, sin necesidad de cultivar otra.

Monseñor comenzó la reorganización del grupo nombrando Coordinadora a la Hermanita Carmen Julia Mosquera, hermanita del mismo grupo. Se escriben las constituciones.

Se recibe asesoría por parte de las hermanas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. Durante tres períodos hubo este estilo de organización. Hermanas Coordinadoras: María Elvia Perlaza y Rosalina Izasa.

Sale Monseñor José Miguel de la Prefectura, y es nombrado Monseñor Alfonso María Guerrero como Administrador, interesándose por el Instituto hasta lograr la afiliación a la familia Franciscana.

Sale Monseñor Alfonso Guerrero de la Prefectura, recibe el cargo Monseñor Alberto Lee López, quien erige canónicamente el Noviciado.

Primer Capítulo General presidido en Cali por Monseñor Alberto Lee López, quedando como Superiora General la Hermana María Francisca Uribe Castaño. Primera Profesión Religiosa, Hermanitas Esperanza Sinisterra y Elmida L. Rodríguez.

Se realiza en Guapi el II Capítulo General presidido por Monseñor Alberto Lee López, queda elegida la Hermanita Arnobia Cardona Ruiz Superiora General. Muere Monseñor Alberto Lee López, es nombrado Prefecto Monseñor Rafael Morales Duque.

Invitación de las Hermanitas de la Anunciación a las Hermanas Misioneras a celebrar el Cincuentenario de la Comunidad.

El 25 de julio de 1993 muere Madre María Berenice Fundadora de la Comunidad, asisten varias hermanas al sepelio en Medellín, demostrando su reconocimiento a la fundadora.

Solicitud de la Hermana Arnobia a Hermana Rafael sobre la aprobación del traslado de la casa de formación en Cali, aceptación del señor Arzobispo Pedro Rubiano Sáenz.

La Hermanita Arnobia Cardona, Superiora General, solicita a la Conferencia de Religiosos de Colombia, CRC asesoría para realizar un proceso de clarificación del origen fundacional y de la identidad carismática y espiritual de las Misioneras. La CRC propone realizar un Encuentro sobre "Reconstrucción de la Historia Congregacional"; personas determinadas, fechas, significación, caracterización de esa historia por etapas, con la Asesoría de la Hermana Margarita Gutiérrez Perilla, con quien se inicia este trabajo del 5 al 11 de diciembre de 1993.

En clima de mucha oración, reflexión y gran regocijo se clamó a una voz: "Madre María Berenice, única y verdadera fundadora de la Congregación Hermanitas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María".

Actualmente la Congregación cuenta con 20 hermanas profesas, 4 novicias y 3 aspirantes, afrocolombianas y mestizas, acompañando en 9 lugares de misión el proceso integral del pueblo afrocolombiano.
 

SEMINARIO DE SAN BUENAVENTURA (1964)

El Seminario San Buenaventura, fue fundado por Monseñor Gerardo Valencia Cano en 1.964: El fundador tuvo como objetivo primero y evidente la superación del grupo étnico mayoritario del Pacífico, desde el punto de vista ético, religioso y administrativo. Pretendió educar a la juventud negra para que asumiera la responsabilidad religiosa y pastoral de la Iglesia local dando crédito y valor a sus cualidades intelectuales y a su religiosidad popular: la fe sincera el culto autóctono y la capacidad de adquirir las exigencias de la vocación y del servicio sacerdotal.

Sin ninguna discriminación acepto en el Seminario alumnos que demostraban querer emprender esta experiencia de vida. El reglamento interior fue el de los seminarios del interior del país, con las necesarias adaptaciones. Fue el primer proyecto en favor del nativo con proyección al futuro.

Al mismo tiempo fundó, Monseñor Valencia Cano, otros establecimientos y apoyó otros más, con la misma visión de valores nativos y de apertura: el Instituto Industrial, el Hogar de Jesús Adolescente, la Normal de Señoritas, el Colegio San Vicente, el Instituto de la Anunciación y apoyó el Colegio Pascual de Andagoya, el Liceo Femenino del Pacífico y el Instituto Teófilo Roberto Potes, trajo a Buenaventura el SENA y creó muchas escuelas. Hoy día le dan la razón innumerables profesionales y hombres de industria, imposible de concebir hace 40 años.

En la década de los 70, las condiciones sociales mundiales y la misma disciplina religiosa, sufrió cambios notables. Los llamados "Seminarios Menores", desaparecieron realmente. El Seminario no cerró sus puertas sino que, comprendiendo los signos de los tiempos, hizo el viraje necesario: Conservó intacta su visión y su compromiso con la sociedad porteña; su convencimiento religioso, también propio del entorno étnico y social; sostuvo su disciplina de comprensión y exigencia y consiguió mantener su prestigio y la estimación de la sociedad que hasta hoy le exige que permanezca como uno de los centros de mayores esperanzas para la ciudad y su entorno que ahora reúne 350.000 habitantes y muestra un crecimiento industrial, intelectual y urbanístico extraordinario.

Estamos en el principal puerto de Colombia, el municipio más extenso del Valle, uno de los mayores en población y en riqueza tanto económica como ecológica. Cosmopolita como pocas. Todo ello nos ofrece un panorama y un campo bien específico.

No se debe restringir el diagnóstico al entorno inmediato, pues las realidades del Puerto hacen que la escuela extienda su campo de influencia a todos los niveles, y sus alumnos vienen de todos los lugares del Pacífico.

El Seminario San Buenaventura, a lo largo de su vida, ha comprendido mejor este medio con sus valores y falencias, ha encontrado allí el origen de su diagnóstico y de acuerdo a ello elabora sus proyectos y realiza su gestión. Es importante conocer el Decreto por medio del cual Monseñor Valencia crea el seminario:

DECRETO No. 088

Nos, Gerardo Valencia Cano, m.x.y., por la Gracia de Dios y de la Santa Sede, Obispo titular de Resaina y Vicario Apostólico de Buenaventura,

CONSIDERANDO:

  1. Que es deber ineludible de todo Ordinario de Misión tratar de tener en el menor tiempo posible Clero Autóctono.
     
  2. Que la feligresía del Vicario Apostólico de Buenaventura es en casi su totalidad bautizada en la religión católica.
     
  3. Que los quince mil estudiantes que hay en la ciudad y en las escuelas rurales indican un ambiente cultural que no puede dispensarse de la profesión sacerdotal.
     
  4. Que cada año los Colegios de Bachillerato están dando excelentes candidatos a las Universidades.
     
  5. Que el Vicario Apostólico está en mora de tener sacerdotes propios.

DECRETA:

Art. 1. Erígese canónicamente en esta ciudad el Seminario Menor San Buenaventura, para formación de los costeños que aspiran a seguir la vocación sacerdotal.

Art. 2. Adóptase para el funcionamiento del Seminario Menor el Pénsum Oficial de Colombia, el Latín como lengua propia de la Iglesia y las directivas de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Art. 3. Destínanse como dote de sostenimiento del Seminario los auxilios con dedicación especial de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, las colectas de los primeros domingos, las pensiones de los seminaristas, los estipendios de binación y trinación, y las donaciones de los fieles con destino especial al Seminario.

Art. 4. Desígnase el día 3 de Octubre del presente año para iniciación de las tareas, por celebrarse en ese día la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona Universal de las Misiones y Patrona Principal de nuestro Instituto de Misiones de Yarumal. Art. 5. Nómbrese para la dirección y administración del Seminario a los Reverendos Padres siguientes:

Rector: Milcíades Marín;

Síndico: Antonio Ruiz;

Prefecto de Disciplina y de Estudios: Jaime Ossa;

Director Espiritual: Gerardo Jaramillo;

Confesores Ordinarios: Arnulfo Arango y Fabio Zuluaga;

Confesor Extraordinario: Rodrigo Velázquez;

Art. 6. Las Juntas de que trata el Canon 1.359 quedan integradas así:

1º De Disciplina: Padres Gilberto Gil y Luis Enrique Ferrer;

2º Administración de bienes temporales: Padres Hernán Pareja y Carlos Barrera;

Art. 7. El Revendo Padre Rector tomará posesión de su cargo el día 1º de Septiembre del presente año ante nuestro Vicario Delegado.
 

Dado en Buenaventura, a 31 de Julio de 1.964

(Fdo.) +Gerardo Valencia Cano, m.x.y.

(Fdo.) Hernán Pareja
Vicario Apostólico de Buenaventura
Canciller


 

SEMINARIO AFROCLARETIANO EN EL CHOCO (1978)

En 1978, por iniciativa de los misioneros claretianos del Chocó, se impulsó la idea de crear un seminario local, para la formación de las vocaciones nativas en una región donde esta congregación venía misionando desde principios del siglo XX, pero sin haber formado vocaciones autóctonas, después de 70 años. El padre Jaime Salazar fue el escogido para liderar esta iniciativa. En la ciudad de Quibdó se consiguió una casa en el barrio la Esmeralda y se empezó la formación con una docena de jóvenes con intenciones vocacionales, quienes hasta el momento formaban parte de los grupos juveniles de las parroquias de la ciudad.

Estos jóvenes vivían en la casa de formación y asistían a sus clases en los colegios de secundaria de la ciudad. Los fines de semana hacían actividades pastorales como catequesis con los niños, acompañamiento a grupos juveniles, visitas a las familias y servicios parroquiales. En el grupo recibían formación para la vida en común y análisis de la realidad cultural y social del Chocó.

Esta experiencia fue apoyada por la Provincia Claretiana de Occidente pero vista con desconfianza por algunos Obispos, incluido el Vicario local, quienes creyeron ver en ella un germen de Iglesia racista porque sus aspirantes eran todos afrocolombianos. Esto se debía simplemente al grupo social chocoano en donde se desarrollaba el proyecto. Igualmente la formación social crítica que recibían los estudiantes le generó incomprensión entre algunos sacerdotes de la región y de la congregación.

Esto determinó el final de la experiencia tres años después. El Padre Jaime Salazar fue asignado a otra misión, y los seminaristas se dispersaron. Tres de ellos perseveraron en otras casas de formación hasta alcanzar el ministerio sacerdotal.
 

[48] MONTOYA UPEGÜI, Laura, Autobiografía de la Madre Laura de Santa Catalina Carvajal S.A., Cali, 1991, 2º ed. Pag. 200ss.

[49] Ibid, p. 203

[50] Ibid, p. 608

[51] Ibid, p. 622, 623

[52] MEJÍA U, Mariela, Profetas de esperanza en la selva Homenaje a las Cofundadoras, en Caminando Juntas, Boletín informativo General, Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, Madre Laura No. 13, Medellín, marzo 2000, p. 82

 

CONTINUAR A LA SEGUNDA PARTE

 

11. HUELLAS DE AFRICANIA EN COLOMBIA

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