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5º Encuentro de Pastoral Afroamericana - Memoria y Conclusiones

 

2a. EXPOSICION: LA INCULTURACION

Por Pbro. CAYETANO MAZZOLENI
(Sección de Minorías Etnicas -
Conferencia Episcopal de Colombia)


 

INTRODUCCION

El tema de la inculturación, encarnación del Evangelio en las culturas de los pueblos (R.M.), ha estado siempre presente en el camino histórico de la evangelización como una «exigencia» y una «tarea esencial de la Iglesia» (S.A. 26, R.M. 52). Hoy esta exigencia es «particularmente aguda y urgente» (R.M. 52). Estas palabras del Papa no admiten dilaciones.

No veo oportuno hacer un recuento histórico del origen teológico del término «inculturación», de su evolución, de la particular insistencia de la Iglesia en esta tarea.

En la reciente Encíclica «Redemptoris Missio» el desafío de la inculturación entra de derecho en el panorama teológico, misionológico y pastoral y además toma la característica de «urgencia» (R.M. 52, 53, 54). Es tiempo de dejar a un lado las inútiles y dispendiosas disquisiciones epistemológicas o ideológicas para «poner manos a la obra». Que este desafío no nos encuentre impreparados como encontró impreparada a la Iglesia hace 500 años frente a nuevos pueblos con culturas diferentes que entraron en el horizonte de su actividad pastoral.

En esta ponencia me limitaré a delinear el marco general en el cual se ubica la inculturación señalado un desafío especifico para la pastoral en América Latina después de 500 años de evangelización. Indicaré qué se entiende por inculturación, su finalidad, los pasos del proceso, los criterios de autenticidad, los agentes de la inculturación y algunos problemas complementarios.



 

1. MARCO GENERAL

La tarea y la problemática de la inculturación se ubican en el marco de la misión universal de la Iglesia, sobre todo en la misión «ad gentes», misión específica para la cual la iglesia ha sido establecida, porque en ella, en la misión «ad- gentes», deben inspirarse las diversas actividades pastorales de la Iglesia: la atención pastoral y la nueva evangelización (R.M. 34) para que estas sean estimuladas y reciban dinamismo. Además la inculturación es una urgencia en las situaciones misioneras típicas de América Latina la actividad pastoral entre indígenas y afroamericanos. Se observa que después de 500 años de evangelización en América Latina no existe una Iglesia autóctona india y afroamericana. Qué ha sucedido? Me pareace que ha fallado la inculturación. Este hecho es más que suficiente para cuestionar profundamente los métodos de evangelización utilizados hasta hoy.

El objetivo de la misión «ad gentes» es promover los valores del Reino (R.M. 58), «Semillas del Verbo» presentes en las culturas, el anuncio explícito del Evangelio y de Cristo Salvador (R.M. 44), la formación de las Iglesias locales (R.M. 48,49, 50), la inculturación de la fe y la encarnación del Evangelio en las culturas de los pueblos (R.M. 52, 53, 54).

La evangelización no se realiza en el vacío o en abstracto, sino que se realiza en relación directa con la cultura, la cual se constituye en la pista de aterrizaje de la evangelización y el «humus” que recibe el Evangelio. El anuncio «se hace en el contexto de la vida del hombre y de los pueblos que lo reciben. Debe hacerse además, con una actitud de amor y de estima hacia quien escucha, con un lenguaje concreto y adaptado a las circunstancias» (R.M. 44).

¿Qué significa Iglesia Particular autóctona? La respuesta a esta pregunta se inspira, me parece, en el camino del proceso de inculturación que está realizando la Iglesia de Africa en el esfuerzo de responder al desafío, señalado por el Papa Pablo VI, de «africanizar el cristianismo» partiendo de una filosofía propia, con una espiritualidad propia, reflexión teológica propia, ministerios propios y una liturgia propia. Es de mucha importancia, por su iluminación, la intervención de Mons. Lorenzo Monsengwo Pasinya, Arzobispo de Kisangani, Presidente de la Conferencia Episcopal de Zaire, en el COMLA 4. Análogamente en América Latina se debe «indianizar y afroamericanizar el cristianismo».

 

2. QUE ES INCULTURACION Y FINALIDAD DE LA INCULTURACION

Inculturación es «encarnar la fe en la cultura» (P.400), porque, al decir de San Ireneo «lo que no es asumido no es redimido» (P.400). Inculturar significa «trasvasar» el mensaje evangélico al lenguaje antropológico y a los símbolos de la cultura en la que se inserta» (P. 404).

Análogamente al gran misterio de la encamación inculturar consiste en «llevar el poder del Evangelio al mismo corazón de las culturas y de la cultura» (Cat. Ir. 59). Es el Evangelio y la Iglesia que se encarnan en los pueblos y asumen sus culturas (Juan Pablo II, Cartagena, Julio 1986).

Inculturar es buscar la «síntesis entre cultura y fe» lo cual no sólo es una exigencia de la cultura sino también de la fe (Carta de Constitución del Consejo para la Cultura, mayo 1982). La fe necesita hacerse cultura, «una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, ni totalmente pensada, ni fielmente vivida» (ibid).

La inculturación es «la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas, y ala vez, la introducción de estas en la vida de la Iglesia» (S.A. 21), es «una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en tas diversas culturas» (R.M. 52).

Por medio de la inculturación la Iglesia no sólo encarna el Evangelio en las culturas, introduce los pueblos con sus culturas en su misma comunidad, transmite a los mismos sus propios valores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovándolas desde dentro, sino que se hace signo más comprensible de lo que es instrumento más apto para la misión (R.M. 52).

En conclusión la inculturación implica una relación de diálogo entre el Evangelio y las culturas y la evangelización de las culturas para que el Evangelio se encarne en ellas y la fe se haga estilo de vida (cultura).

 

3.PROCESO DE INCULTURACION

La inculturación no es producto de laboratorio experimental, que tiene dos aspectos : encarnar el Evangelio en las culturas y la inserción de la Iglesia en las culturas de los pueblos.

Encarnar el Evangelio en la cultura significa que la cultura hace propio el Evangelio, lo acepta, se deja cuestionar e interpelar por el Evangelio, asimila y lo asume; la cultura se transforma y se manifiesta en un estilo de vida.

La inserción de la Iglesia en las culturas de los pueblos se manifiesta con una reflexión teológica propia, espiritualidad propia, ministerios propios y liturgia propia.

Este proceso requiere largo tiempo, profundidad y globalidad, y presenta dificultades porque no deben comprometerse en ningún modo las ca racterísticas y la integridad de la fe cristiana (R.M. 52). Está guiado por criterios de la gradualidad y de la maduración para evitar precipitaciones inmaduras como también estancamientos, retrocesos o anquilosamientos.

 

4.MOMENTOS DEL PROCESO DE INCULTURACION

El proceso de la inculturación debe estar dirigido y orientado por los principios de la encarnación del Evangelio en las culturas y la asunción de los valores y formas culturales.

4.1 Anuncio explícito del Evangelio y de Cristo Salvador.

En este momento se enfatiza el encuentro y el diálogo entre el Evangelio y la cultura. El diálogo evangelizador debe estar guiado por:

a. El respeto y aprecio de la cultura.

El acercamiento a la cultura debe superar los complejos de superioridad y el etnocentrismo. En antropología no existen culturas superiores o inferiores. Cada cultura es lo que es, porque es una respuesta creativa e inteligente del hombre adaptada a las diferentes situaciones ecológicas, a las necesidades básicas económicas, sociales y culturales y una respuesta a los grandes interrogantes presentes en la vida del hombre: quién soy, de donde vengo, hacia dónde voy, el misterio de la vida, del dolor, de la muerte y del más allá.

b. Conocimiento de la cultura.

No es suficiente apreciar la cultura y acercarse a ella con respeto, se debe conocerla desde dentro para conocer las expresiones más significativas: la filosofía, la cosmovisión, los valores, los símbolos e identificar así las «Semillas del Verbo, para evitar caer en actitudes pesimistas y despectivas o caer en falsos romanticismos inmanentes. Hay que tener en cuenta que no todos los valores culturales son absolutos. En cada cultura existen valores que son antivalores.

Son valores absolutos aquellos que favorecen la humanización de la cultura, la personalización de los individuos y de la comunidad. Señalamos como valores absolutos la libertad, la Igualdad, la verdad, la honradez, la participación, el desarrollo integral, la calidad de la vida, el respeto a la vida en todas sus etapas y en sus aspectos, la solidaridad, la justicia social, el bien común, los derechos humanos, la actividad y la libertad religiosa.

c. Respeto de los valores auténticos y de las riquezas peculiares

d. La promoción de la cultura

e. Sin abdicar o menguar el mensaje evangélico

 

4.2 INTERIORIZACION:

Aceptación, Asunción y Transformación. Es importante aclarar para evitar falsos culturalismo que la cultura es dinámica, se relaciona y entra en comunicación con otras culturas, recibe mensajes, intercambia valores, los acepta, los asume o los rechaza; asumiéndolos produce un cambio interno y una transformación.

En el proceso de inculturación en este momento comienza a configurarse la Iglesia local. Con la aceptación del mensaje evangélico una cultura asume su valor transtormador delineando así una espiritualidad propia, es decir la manera de vivir el cristianismo, se promueve una reflexión teológica propia, surgen los ministerios propios, se celebra la fe en la manera peculiar de cada cultura en la liturgia.

4.3 LA RE-EXPRESION.

Es el momento en el cual se concretiza formalmente y se exterioriza la inculturación: la vivencia del Evangelio, la celebración de la vida y de la fe con las características propias. Es el resultado de la creatividad.

A este respeto cabe preguntarnos: ¿por qué después de 500 años de evangelización en América Latina no hay una re-expresión india y afroamericana del Evangelio, y de la celebración de la fe ? Lo que se manifiesta en la religiosidad popular es inculturación o sincretismo?

Ya se recordó cómo el proceso de inculturación requiere largo tiempo, exige profundidad y globalidad y presenta dificultades. ¿Dónde se ha fallado? ¿Dónde se está fallando? Me parece encontrar la respuesta a estos interrogantes en las fallas de diálogo entre Evangelio y cultura, en el conocimiento de la cultura y en la identificación de sus valores.

 

5. CRITERIOS DE AUTENTICIDAD

Dos criterios generales guían todo el proceso de la inculturación.

√  La compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y,

√  La comunión con la Iglesia universal (R.M. 54).

La compatibilidad de las diferentes culturas con el Evangelio no implica necesariamente la uniformidad con formas de inculturación del mismo como se han ido dando en otras culturas, pues dicho mensaje no surge de manera espontánea en ningún «humus» cultural; se transmite a través de un diálogo apostólico que está inevitablemente inserto en un cierto diálogo de culturas (C.T.l., 52) Esto implica encuentro, y, desafortunadamente, tensiones internas a la cultura y externas con los agentes, y a veces, como ha sucedido y está sucediendo, la relación de dominación de una cultura sobre otra (P.387, 417) (CELAM, Documento de Consulta, IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Pág. 60-61).

El segundo criterio es el de la comunión con la Iglesia universal y con la tradición viviente de la Iglesia.

El primer Concilio de Jerusalén es un ejemplo. Desde aquel momento la Iglesia abre sus puertas y se convierte en la casa donde todos pueden entrar y sentirse a gusto, conservando la propia cultura y las propias tradiciones siempre que no estén en contraste con el Evangelio.

 

6.AGENTES Y ACTORES DE LA INCULTURACION

6.1 El primer y principal agente es el Espíritu Santo que guía la inculturación.

El primer anuncio del Evangelio lo hace la Iglesia en el Contexto de la vida del hombre y de los pueblos que lo reciben; lo hace con un lenguaje concreto y adaptado a las circuntancias (R.M. 44), respetando siempre las culturas: la Iglesia propone, no impone nada; respeta a las personas y las culturas y se detiene ante el sagrario de la conciencia (R.M. 39).

6.2 El pueblo de Dios, las comunidades eclesiales, la Iglesia local

Se sabe que el pueblo reflexiona sobre el genuino sentido de la fe. La inculturación debe ser expresión de la vida comunitaria, es decir madurez en el seno de la comunidad (R.M. 54). La comunidad eclesial «manifiesta la propia experiencia cristiana en manera y formas originales, conforme a las propias tradiciones culturales, con tal que estén siempre en sintonía con las exigencias objetivas de la misma fe (R.M. 53). El criterio principal que debe guiar este aspecto es la comunión entre Iglesias Particulares del mismo territorio y con toda la Iglesia teniendo presente las aportaciones positivas recibidas a través de los siglos gracias al contacto del cristianismo con las diversas culturas (R.m. 53).

6.3 Los pastores de las Iglesias locales.

Es tarea de los Obispos, guardianes del «depósito de la fe, cuidar de la fidelidad al Evangelio y al tesoro de la fe discerniendo con profundo equilibrio, fomentando la actuación de la inculturación dirigiéndola y estimulándola para que no sea forzada, no suscite reacciones negativas en los cristianos (R. M. 54) para no caer en precipitaciones inmaduras, como también en estancamientos, retrocesos o anquilosamiento en este proceso viviente.

6.4 Colaboradores en la evangelización:

a) Los técnicos con el aporte de estudios, investigaciones y reflexiones. La inculturación no es una actividad de laboratorio experimental, es una praxis y la responsabilidad principal incumbe a la Iglesia Particular.

b) Colaboradores misioneros provenientes de otras Iglesias y países (R.M. 53), los cuales deben insertarse en el mundo socio-cultural aquellos a quienes son enviados, superando el condicionamiento del propio ambiente de origen, aprender la lengua y el lenguaje, conocer la cultura y las expresiones culturales más significativas, descubrir los valores por experiencia directa, prender y apreciar la cultura para comunicar con ellas, promover la cultura y evangelizar el ambiente, asumir un estilo de vida que sea testimonio evangélico y de solidaridad con la gente (R.M. 53).

 

7. PROBLEMAS

La inculturación tiene como base la ascendencia del valor evangélico en relación al valor cultural, pero a la compatibilidad entre ambos. otro lado se abre campo a la discusión sobre el tipo de identidad de cada Iglesia Particular.

Para orientar estos problemas me parece que se debería tener en cuenta estos criterios:

7.1 Distinguir Evangelio y Cultura.

Evangelio está destinado a todos hombres y a toda cultura. La fe en no es producto de ninguna cultura: su origen es una revelación de Dios. La fe cristiana no puede identificarse exclusivamente con una cultura histórica a no ser con riesgos de desaparecer ella misma. El corazón del mensaje evangélico supera y trasciende toda cultura, porque se trata del misterio de Dios encarnado y crucificado.

Juan XXIII afirma que: «la Iglesia no se identifica con ninguna cultura, ni siquiera con la cultura occidental, aún hallándose tan ligada a ésta por su historia» (Princeps Pastorum, 10).

La inculturación prolonga la Encarnación en la historia de los pueblos. Pablo VI afirma que el Evangelio es vivido por hombres que están vinculados a su propia cultura (E.N. 20).

7.2 Preservar la Identidad de la Iglesia

La identidad fundamental de la Iglesia dice relación a la vez a su unidad catolicidad. La Iglesia se define sí misma, no como un sistema y diferenciado, sino más bien cuerpo vivo, es decir como un organismo completo de partes vitales que contribuyen al enriquecimiento y a la unidad del cuerpo entero. «...La Iglesia universal se presenta como una comunión de Iglesias Particulares e indirectamente como una comunión de naciones, de lenguas y culturas. Cada una de éstas lleva los propios dones a la totalidad... (Juan Pablo II, discurso a los Cardenales y a la Curia. 21 de diciembre 1984).

La identidad de la Iglesia supone, pues, una comunión entre todas las iglesias Particulares que se nutren del «mismo Misterio de Cristo». Cada Iglesia Particular, viviendo en una cultura determinada, debe armonizar su propia experiencia con la de las restantes Iglesias.

7.3 Unidad y Pluralismo.

La salvaguardia de la identidad del cristianismo no se opone de ningún modo a un sano pluralismo que se ha manifestado siempre en las Iglesias Particulares desde los primeros tiempos. El pluralismo debe ser fundado en:

En nombre de la fidelidad hay que saber descubrir las vías y las nuevas expresiones de la evangelización. Esto exige «una investigación profunda de las tradiciones culturales de los diversos pueblos y de los antecedentes históricos subyacentes. para descubrir en ellos los elementos que no están en contradicción con la religión cristiana y las aportaciones susceptibles de enriquecer la reflexión teológica» (Pablo VI, Alocución al Simposio de las Conferencias Episcopales de Africa y Madagascar, 26 de septiembre de 1975).

La unidad no es uniformidad «... si la Iglesia debe ser ante todo católica, es legítimo, incluso deseable, un pluralismo de expresiones en la unidad de la sustancia, en cuanto al modo de profesar una fe en un mismo Jesucristo» (Pablo VI, a los Obispos de Asia, 28 de noviembre de 1970).

La norma última es la comunión eclesial que vale para todo esfuerzo de inculturación, y que se resume en la expresión u. .un pluralismo de expresión en la unidad de sustancia». (Pablo VI).

CONCLUSION

En el documento de consulta a la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo se afirma que «la acción pastoral de la Iglesia se siente cada vez más cuestionada y desafiada por la realidad del redescubrimiento del mundo afroamericano y del esfuerzo de afirmar sus valores y su identidad... Está muy lejos de lograrse una presencia pastoral y evangelizadora en la organización del pueblo afroamericano como también un discernimiento de la religión, de los valores de sus culturas para determinar lo que puede ser asumido y lo que puede ser evangelizado» (550, 551).

Dar respuesta a los desafíos pastorales que presenta la evangelización de la cultura afroamericana exige creatividad y audacia.

Se propone:

√  Promover una pastoral afroamericana donde los mismos afroamericanos sean los sujetos de la evangelización.

√  Afrontar el conocimiento de la cultura afroamericana para discernir sus valores y contravalores en orden a encontrar acciones pastorales consecuentes.

√  Recuperar la memoria histórica de los afroamencanos.

√  Reconocer, promover y defender los derechos a una cultura e identidad propia.

√  Impulsar y promover la inculturación.

Nos espera:

  1. Estimular la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Quién y qué quiere ser el afroamericano?
     
  2. Toda acción pastoral debe estar dirigida a afirmar y fortalecer la identidad del afroamericano. Identidad con:

    1. El grupo humano afroamericano;
       
    2. la historia de los afroamericanos: una historia con un pasado negativo de esclavitud y sumisión; con un presente de reconstrucción, reencuentro y afirmación de su identidad; proyectada hacia un futuro de resurrección;
       
    3. la cultura actual y sus raíces africanas;
       
    4. con la tierra: aquella tierra de destierro en la que ha sido confinado el afroamericano en el pasado.
       
  3. Promover la inculturación para que surja una Iglesia afroamericana con rostro propio, caracterizada por una filosofía propia, una espiritualidad propia, reflexión teológica propia, ministerios propios y liturgia propia.

En la encrucijada de angustias y esperanzas de nuestra historia latinoamericana «...Ia Iglesia aporta la savia siempre nueva del Evangelio creador de cultura, fuente de humanidad, al mismo tiempo que promesa de eternidad. Su secreto es el amor. Es la necesidad primordial de toda cultura humana» (Juan Pablo II a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura - 12 de enero 1990).

 

CONCLUSIONES DEL TRABAJO EN GRUPO
SOBRE EL TEMA Nº 2

 

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