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5º Encuentro de Pastoral Afroamericana - Memoria y Conclusiones
 

LA PASTORAL AFROAMERICANA Y LA EDUCACION LIBERADORA QUE SOÑAMOS

 

Monseñor Jorge Iván Castaño R.
Obispo de Quibdó


 

I. LA PASTORAL AFROAMERICANA DISCUSION Y FUNDAMENTO

1) Qué entendemos por Iglesia Particular

2) Qué se debe entender por Inculturación

3) Dificultades y consecuencias pastorales

a) Dificultades

b) Consecuencias


 

II. LA EDUCACION LIBERADORA QUE SOÑAMOS

1. Los objetivos de este 5º EPA

2. Los conceptos claves de nuestra búsqueda educativa

a) La educación es para nosotros algo inseparable de la Evangelización

b) Cuáles son nuestros anhelos


 

III. CONCLUSION

 


Mis primeras palabras serán de bienvenida a todos los participantes en este 5º Encuentro de Pastoral Afroamericana. El Chocó los recibe con los brazos abiertos y les brinda una calurosa acogida, calurosa no propiamente por los grados centígrados que marquen los termómetros refiriéndose al clima externo, sino por la especial entrega que el pueblo chocoano hace de su corazón y de su vida a quien se acerca a él con respeto como amigo y huésped de su casa.

La Diócesis de Quibdó se une a este saludo y se identifica plenamente con los sentimientos de quienes componen el 80 por ciento de su población total. Me refiero a la población negra que ha sufrido, desde su violento desarraigo del Africa, múltiples peripecias y avatares, y cuya historia podría resumirse en un largo camino de supervivencia, contra los mecanismos de esclavitud y muerte que por más de tres siglos atentaron contra su dignidad y sus derechos.

Sean, pues, bienvenidos a esta Iglesia Particular de Quibdó que se siente honrada con la presencia de tan ilustres visitantes, llegados de los diferentes puntos cardinales de América Latina. Su estadía con nosotros será también un nuevo motivo de compromiso con la noble causa de las minorías negras en nuestro continente, al que deseamos escuchar y acompañar, no suplantar ni imponer.

Llegan ustedes a una Diócesis misionera recién creada, no ha cumplido todavía un año de vida. Pero llegan de todas maneras a una Iglesia Particular en la cual se quiere vivir la fe que nos viene de los Apóstoles, en comunión con su cabeza visible, el Sucesor de Pedro, y que por lo mismo ella se siente también Iglesia Universal. En nosotros también acaece y actúa la «Iglesia una, santa, católica y apostólica». Sí, ustedes encontrarán aquí una Iglesia Particular, en el sentido profundo que lo presenta S.S. Pablo VI en la Exhortación Apostólica «Evangelii Nuntiandi». Dichos planteamientos teológicos son los que están dando piso y fundamento a lo que hoy estamos llamando «pastoral afroamericana».

 


 

1. LA PASTORAL AFROAMERICANA
DISCUSION Y FUNDAMENTO

Los presupuestos de esta pastoral no vienen propiamente impuestos por las ciencias sociológicas o antropológicas, sino directamente por la teología. Se trata de una realidad esencialmente eclesiológica, dentro de la cual quisiéramos situarnos. Y el punto de partida es la adecuada comprensión de los términos «Iglesia Particular».

 

1) Qué entendemos por Iglesia Particular

a) En el documento conciliar «Christus Dominus», se entiende la Iglesia Particular como sinónimo de Diócesis: «una porción del pueblo de Dios que se confía al obispo para ser apacentada con la cooperación de sus sacerdotes de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y ¡a Eucaristía, constituya una Iglesia Particular, en la que se encuentra y opera verdaderamente la iglesia de Cristo» (CD, 11)

También entran en esta perspectiva las Parroquias «distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del Obispo... de alguna manera representan a la Iglesia visible establecida por todo el orbe» (SC, 42).

b) Evangelii Nuntiandi asume una perspectiva diferente aunque en el fondo puede ser complementaria - cuando nos dice que «la Iglesia universal se encarna de hecho en las Iglesias Particulares,

constituidas de tal o cual porción de humanidad concreta,
que hablan tal lengua,
son tributarias de una herencia cultural,
de una visión del mundo,
de un pasado histórico,
de un substrato humano determinado...

En el pensamiento del Señores la Iglesia, universal por vocación y por misión, la que, echando sus raíces en la variedad de terrenos culturales, sociales, humanos, toma en cada parte del mundo aspectos, expresiones externas diversas... La Iglesia difundida por todo el orbe se convertiría en una abstracción, si no tomase cuerpo y vida precisamente a través de las Iglesias Particulares» (EN, 62).

Y las Iglesias Particulares serían unos fantasmas, agregamos aquí, si ellas no echan raíces o asumen las particularidades de un pueblo concreto, con lo más sagrado que él pueda tener dentro de su experiencia histórica, como es su cultura, su sentido ante la vida, el amor y la muerte, su manera de relacionarse con el mundo presente y también con otros mundos posibles. Aquí se juega no sólo la seriedad de una eclesiología, sino también la eficacia misma de la evangelización. S.S. Pablo VI lo reconoce en términos que no admiten discusión alguna:

«La evangelización pierde mucho de su fuerza y de su eficacia, si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige, si no utiliza su «lengua», sus signos y símbolos, si no responde a las cuestiones que plantea, si no llega a su vida concreta» (EN,63).

«Lo que importa es evangelizar - no de una manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces - la cultura y las culturas del hombre, en el sentido rico y amplio que tienen sus términos en la Gaudium et Spes... » (EN, 20).

Las Conclusiones de Puebla se hacen eco de estas enseñanzas del Papa, cuando dicen: «La Iglesia, Pueblo de Dios, cuando anuncia el Evangelio y los pueblos acogen la fe, se encarna en ellos y asume sus culturas. lnstaura así, no una identificación, sino una estrecha vinculación con ella. Por una parte, en efecto, la fe transmitida por la Iglesia, es vivida a partir de una cultura presupuesta, esto es, por creyentes vinculados profundamente a una cultura y la construcción del Reino no puede menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Por otra parte permanece válido, en el orden pastoral, el principio de la encarnación formulado por San Irineo: «Lo que no es asumido no es redimido». El principio general de encarnación se concreta en diversos criterios particulares (P nº 400):

«Las culturas no son terreno vacío, carente de auténticos valores. La evangelización de la Iglesia no es un proceso de destrucción, sino de consolidación yfortalecimiento de dichos valores; una contribución al crecimiento de los “gérmenes del Verbo” presentes en las culturas» (P nº 401)

«Todo esto implica que la Iglesia, obviamente la Iglesia particular, se esmere en adaptarse, realizando el esfuerzo de un trasvasamiento del mensaje evangélico al lenguaje antropológico y a los símbolos de la cultura en la que se inserta» (P n~404).

Todo lo anterior podemos considerarlo como las premisas indispensables que nos introducen, necesariamente, en el campo de la pastoral de negritudes, centro especial de nuestro interés y objeto de nuestras mejores ilusiones. Cuando se toman en serio los anteriores enunciados llegamos necesariamente a lo que hoy se está llamando la inculturación de la fe. Y cuando esta inculturación se realiza dentro de unas etnias concretas o de unas culturas específicas como son las de los pueblos negros que fueron violentamente traídos del Africa, entonces hablamos y defendemos la existencia de una pastoral concreta llamada Pastoral Afroamericana. Importa ahora que nos detengamos un poco sobre el término inculturación y tratemos luego de sacar los criterios y consecuencias de dicha realidad.

 

2) Qué se debe entender por Inculturación

a) El término es relativamente reciente, y en sus comienzos no fue siempre bien recibido en el ámbito de la reflexión teológica y pastoral. (Cfr Antonio Altarejos, Inculturación: reflexión misionológica y doctrina conciliar, en «La Misionología Hoy» A.A.W. Obras Misionales Pontificias, Navarra España, 1987, pg. 334 y ss).

Se dice que el neologismo de la inculturación se afirma sobre todo a partir del IV Sínodo Mundial de Obispos del año 1977 sobre el tema de la Catequesis en nuestro tiempo. Es bien elocuente el siguiente texto del Papa Juan Pablo II en la Catechesi Tradendae del año 79:

«El término aculturación o inculturación, además de ser un hermoso neologismo, expresa muy bien uno de los componentes del gran misterio de la Encarnación. De la catequesis como de la evangelización en general, podemos decir que está llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y de las culturas. Para ello, la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprenderá sus expresiones más significativas, respetará sus valores y riquezas propias. Sólo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto (Cf. Rom 16,25; Ef 3,5) y ayudarles a hacer surgir de su propia tradición vivas expresiones de vida, de celebración y de pensamiento cristianos» (CI, 53).

A partir del año 1979 se generaliza el uso de la palabra inculturación por el empleo frecuente que hace de ella el Papa. Innumerables definiciones se han dado sobre la inculturación. Citará unas pocas, para Intuir en ellas la complejidad de tal concepto.

Quiero iniciar con la definición dada por el P.Arij Crollius en el año 1978: «La inculturación de la Iglesia es la integración de la experiencia cristiana de una Iglesia local en la cultura de su pueblo, de modo tal que esa experiencia no solamente se exprese a sí misma con elementos de esa cultura sino que se convierta en una fuerza que anime, oriente e innove dicha cultura en orden a crear una nueva unidad de comunión, no sólo dentro de la cultura en cuestión sino también como un enriquecimiento do la lglesia universal» (Cfr.P.Adam Wolanin S.J., Diálogo entre Evangelio y culturas, en Rey. «Omnis Terra» Roma, Pontificia Unión Misional Nº 207, Año XXIII {Enero 1991} pg.16).

Durante este mismo año 78 aparece una nueva definición considerada por algunos autores como una de las mejores. Su autor es el Padre Arrupe, Superior General de los Jesuitas, y dice así: «Inculturación significa encarnación de la vida y del mensaje cristiano en una concreta área cultural, de manera que tal experiencia no solamente consiga expresarse con elementos propios de la cultura en cuestión - lo que sería una simple adaptación superficial - sino que llegue a ser el principio inspirador, normativo y unificante que transforma y vuelve a formular esta cultura, dando origen a una nueva creación... Es la experiencia de una Iglesia local que, discerniendo el pasado, construye el futuro en el presente» (P. Arrupe: Lettera sull’inculturazione {14 maggio 1978}).

b)El tema de la inculturación ha estado muy presente en el fecundo magisterio de S.S. Juan Pablo II. Su pensamiento aparece en los discursos que a lo largo de los innumerables viajes alrededor del mundo ha pronunciado dirigiéndose a las Iglesias Particulares visitadas. Pero es en la reciente Carta Encíclica «REDEMPTORIS MISSIO», sobre la permanente validez del Mandato Misionero (Roma, diciembre de 1990), donde encontramos los conceptos fundamentales del Papa sobre la inculturación.

Afirma, en primer lugar, que «al desarrollar su actividad misionera entre las gentes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturación. Es esta una exigencia que ha marcado todo su camino histórico, pero hoy es particularmente aguda y urgente». (nº 52). Y agrega más adelante:

«Por medio de la inculturación la Iglesia encarna el Evangelio en las diversas culturas y, al mismo tiempo, introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad; transmite a las mismas sus propios valores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovándolas desde dentro. Por su parte, con la inculturación, la Iglesia se hace signo más comprensible dolo que es e instrumento más apto para la misión.

Gracias a esta acción en las Iglesias locales, la misma Iglesia universal se enriquece con expresiones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana, como la evangelización, el culto, la teología, la caridad; conoce y expresa aún mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovación. Estos temas, presentes en el Concilio y en el Magisterio posterior, los he afrontado repetidas veces en mis visitas pastorales a las Iglesias jóvenes» (lbid.).

Sobre los planteamientos de fondo del actual Magisterio Pontificio referente al fenómeno de la inculturación de la fe, la Comisión Teológica Internacional nos ha brindado la siguiente síntesis que consideramos fundamental a la hora de clarificar nuestro conceptos y orientar nuestra praxis evangelizadora (Cf. «La Fe y la lnculturación». Roma 1988. Versión Castellana del texto original francés en Rev. Medellín, Vol 16, Nº 61 [1990] 109-132)

«Fundado sobre la convicción de que «la Encarnación del Verbo ha sido también una encarnación cultural», el Papa afirma que las culturas, analógicamente comparables a la humanidad de Cristo en lo que ellas tienen de bueno, pueden jugar un papel positivo de mediación para la expresión y la irradiación de la fe cristiana.

Dos temas esenciales están ligados a estas consideraciones. Primero el de la trascendencia de la Revelación en relación a las culturas en donde ella se expresa... El segundo tema mayor de la enseñanza de Juan Pablo II trata de la urgencia de la evangelización de las culturas. Esta tarea supone que se comprenda y penetre con una simpatía crítica las Identidades culturales particulares»... (I, nº 5-7).

«El proceso de inculturación puede definirse como el esfuerzo de la Iglesia para hacer penetrar el mensaje de Cristo en un medio sociocultural dado, llamando a éste a crecer en la línea de todos los valores propios, siempre y cuando éstos sean conciliables con el Evangelio. El término inculturación incluye la idea de crecimiento, de enriquecimiento mutuo de las personas y de los grupos, gracias al encuentro del Evangelio con un medio social» (l, nº 11).

«Por haber sido integral y concreta, la encarnación del Hijo de Dios ha sido una encarnación cultural: Cristo mismo por encarnación, adoptó las condiciones sociales y culturales peculiares de los hombres con los que vivió» (I, nº 12).

«Cada Iglesia local o particular tiene vocación de ser en el Espíritu Santo el sacramento que manifiesta a Cristo, crucificado y resucitado en la carne de una cultura particular... La novedad cristiana engendra en la Iglesias locales expresiones particulares, culturalmente caracterizadas (modalidades de las formulaciones doctrinales, simbolismos litúrgicos, tipos de santidad, directivas canónicas, etc.). Pero la comunión entre las Iglesias exige constantemente que la «came» cultural de cada una no sea barrera para el reconocimiento mutuo en la fe apostólica y para la solidaridad en el amor» (II, n.29).

Para una ampliación y profundización sobre el tema de la inculturación, ver también Card.Paul Poupard:lglesia y Culturas. Orientaciones para una Pastoral de Inteligencia. Edicep 1988, pp. 282. (Ver especialmente Cap. IX: Evangelización y Cultura, pg.131 y ss. Idem: II Vangelo nel Cuore delle Culture. Nuove frontiere del Inculturazione. Cittá Nuova Editrice, Roma, 1988, pp.183 (Ver especialmente Cap. X: Teología e lnculturazione, pg. 163 y ss.) Hervé Carrier S.J.: Évangile et Cultures. De Léon XII à Jean Paul II. Libreria Editrice Vaticana, Roma 1987, pp. 276. (Ver especialmente Cap. 7: Inculturation. Un nouveau Concept d’Evangelisation, pg. 140 y ss.)

 

3) Dificultades y consecuencias pastorales

a) Dificultades:

Las dificultades surgen de inmediato cuando se quiere traducir estos planteamientos teóricos en una praxis pastoral concreta determinada. Algunos problemas se originan en la naturaleza misma de la inculturación, y otros en el modo o proceso como ella se podría llevar a cabo en un contexto cultural e histórico dado.

En primer lugar, la inculturación de la fe es un hecho que compromete no solamente a la cultura de un pueblo, en la medida en que ella es asumida por el evangelio, sino también la fe misma, en el sentido de que ella se encarna y toma forma en los patrones y tradiciones más profundas y vitales de un pueblo. Y esto no se realiza fácilmente. Hay que hacerlo críticamente. Evangelii Nuntiandi, refiriéndose a este hecho de la inculturación con un término, a nuestro modo de ver, sumamente expresivo de «trasvasar» la fe en una cultura determinada, dice:

«Las Iglesias particulares profundamente amalgamadas, no sólo con las personas, sino también con las aspiraciones, las riquezas y límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo que distinguen a tal o cual conjunto humano, tienen la función de asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de trasvasarlo, sin la menor traición a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden, y, después, de anunciarlo en ese mismo lenguaje.. Dicho trasvase hay que hacerlo con el discernimiento, la seriedad, el respeto y la competencia que exige la materia en el campo de las expresiones litúrgicas, pero también a través de la catequesis, la formulación teológica, las estructuras eclesiales secundarias, los ministerios» (EN,63).

Con otras palabras, hay que discernir con gran cuidado, hay que tener muy claros unos criterios que nos orienten en una tarea extremadamente compleja, como lo advierte el Grupo Internacional de Teólogos, refiriéndose a la inculturación del Evangelio en este mundo que nos ha tocado vivir:

«La inculturación del Evangelio en las sociedades modernas exigirá un esfuerzo metódico de búsqueda y de acción concertadas. Este esfuerzo supondrá en los responsables de la evagelización: 1) una actitud de acogida y de discernimiento crítico; 2) la capacidad de percibir los anhelos espirituales y las aspiraciones humanas de las nuevas culturas; 3) la aptitud para el análisis cultural en vista de un encuentro efectivo con el mundo moderno (Comisión Teológica Internacional, art, cit. III, nº 23). «Una movilización de toda la Iglesia se impone para que sea afrontada con éxito la tarea extremadamente compleja de la inculturación del Evangelio en el mundo moderno» (Ibid. III, nº 26).

En segundo lugar, están los problemas que pueden surgir por el modo o proceso como se lleve a cabo la inculturación. Sobre este punto el Papa en su Carta Encíclica Redemptoris Missio, ha formulado unos criterios que juzgamos esenciales para nuestra praxis pastoral. Dada la importancia de su doctrina, traemos aquí, textualmente sus afirmaciones:

«El proceso de inserción de la Iglesia en las culturas de los pueblos requiere largo tiempo: no se trata de una mera adaptación externa, que la inculturación significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en las diversas culturas. Es, pues, un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano, como la reflexión y la praxis de la Iglesia. Pero es también un proceso difícil, porque no debe comprometer en ningún modo las características y la integridad de la fe cristiana...

La inculturación es un camino lento que acompaña toda la vida misionera y requiere la aportación de los diversos colaboradores de la misión ad gentes, la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, los Pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuación» (nº 52).

Más adelante el Papa formula los siguientes criterios para superar las dificultades y orientar adecuadamente la inculturación en las Iglesias Particulares:

«Las comunidades eclesiales que se están formando, inspiradas en el Evangelio, podrán manifestar progresivamente la propia experiencia cristiana en manera y forma originales, conforme con las propias tradiciones culturales, con tal de que estén siempre en sintonía con las exigencia objetivas de la misma fe. A este respecto, especialmente en relación con los sectores de la inculturación más delicados, las Iglesias particulares del mismo territorio deberán actuar en comunión entre sí y con toda la Iglesia, convencidas de que sólo la atención tanto a la Iglesia universal como a las Iglesias particulares les harán capaces de traducir el tesoro de la fe en la legítima variedad de sus expresiones. Por esto, los grupos evangelizados ofrecerán los elementos para una «traducción» del mensaje evangélico teniendo presente las aportaciones positivas recibidas a través de los siglos gracias al contacto del cristianismo con las diversas culturas, sin olvidar los peligros de alteraciones que a veces se han verificado (nº 53).

A este respecto, son fundamentales algunas condiciones. La inculturación, en su recto proceso debe estar dirigida por dos principios: la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y la comunión con la Iglesia universal. Los Obispos, guardianes del depósito de la fe se cuidarán de la fidelidad y, sobre todo, del discernimiento, para la cual es necesario un profundo equilibrio; en efecto, existe el riesgo de pasar acríticamente de una especie de alienación de la cultura a una supervaloración de la misma, que es un producto del hombre, en consecuencia, marcada por el pecado. También ella debe ser purificada, elevada y perfeccionada.

Este proceso necesita una gradualidad, para que sea verdaderamente expresión de la experiencia cristiana de la comunidad: «Será necesaria una inculturación del misterio cristiano en el seno de vuestro pueblo - decía Pablo VI en Kampala -, para que su voz nativa, más límpida y franca, se levante armoniosa en el coro de las voces de la Iglesia universal». Finalmente, la inculturación debe implicar a todo el pueblo de Dios, no sólo a algunos expertos, ya que se sabe que el pueblo reflexiona sobre el genuino sentido de la fe que nunca conviene perder de vista. Esta inculturación debe ser dirigida y estimulada, pero no forzada, para no suscitar reacciones negativas en los cristianos: debe ser expresión de la vida comunitaria, es decir, debe madurar en el seno de la comunidad, y no ser fruto exclusivo de investigaciones eruditas. La salvaguardia de los valores tradicionales es efecto de una fe madura (nº 54).

 

b) Consecuencias:

Después de leer todos estos presupuestos, criterios y condiciones, se podría pensar que la tarea de la inculturación de la fe es algo prácticamente imposible, y que la mejor opción sería desconocerla o dejarla simplemente escrita en el papel. Esta conclusión es errónea y debemos rechazarla como contraria a la teología ya la pastoral. El magisterio de la Iglesia nunca dice que la inculturación no se puede hacer, sino todo lo contrario: que se debe hacer, que es indispensable hacerlo, y que por lo mismo hay que tener presente unos criterios muy precisos para llevarla a cabo, para que tome forma y concreción adecuada.

«Al entrar en contacto con las culturas, la Iglesia debe acoger todo lo que en las tradiciones de los pueblos es conciliable con el Evangelio para aportarles las riqueza de Cristo y para enriquecerse ella misma con la sabiduría multiforme de las naciones de la tierra. Vosotros lo sabéis: la Inculturación coloca a la Iglesia en un camino difícil, pero necesario. Por tanto, los Pastores, los teólogos y los especialistas de las ciencias humanas tienen que colaborar estrechamente a fin de que este proceso vital se desarrolle en beneficio, tanto de los evangelizados como de los evangelizadores, y para que se evite la simplificación o precipitación, que conduciría a un sincretismo o a una reducción secularizada del anuncio evangélico» (Juan Pablo II: Discursos al Consejo Pontificio para la Cultura, Roma 17 de enero de 1987).

La advertencia y cautela antes expuestas nos invita a que asumamos la inculturación del pueblo negro con gran seriedad, es decir, con un discernimiento crítico permanente y una fuerte dosis de fe y esperanza de que algún día se llegará a las metas pastorales anheladas. Esas metas de una u otra forma están presentes en la doctrina arriba indicada, pero que no sobrará explicitarlas ahora aquí, para compromiso pastoral concreto de todos los presentes:

  • Lograr una reflexión teológica propia que ilumine y acompañe el proceso mismo de la inculturación de la fe de nuestro pueblo.
     
  • Propiciar y vivir una espiritualidad inculturada, coherente con la fe que se encarna y toma cuerpo en las mismas riquezas espirituales del pueblo negro.
     
  • Adecuar las estructuras participativas del servicio de la animación y coordinación de la comunidad creyente, a través de la configuración de ministerios propios, tanto ordenados como no ordenados.
     
  • Llegar a una liturgia inculturada, donde la fe recibida de los Apóstoles se celebre no externamente, con lenguaje o ropaje extraños, sino asumiendo «la carne» de los símbolos y tradiciones religiosas propias que no se opongan al Evangelio.
     
  • Dar, finalmente, una configuración y rostro propio a la iglesia Diocesana. O lo que es lo mismo, ser de verdad una Iglesia lnculturada.

Para llegar a estas cinco metas hay que ponemos en camino. Como nuestro Padre Abraham, quien salió de la tierra donde habitaba, y se dirigió hacia una tierra no conocida. Ponemos en camino supone un acto de fe muy particular, y una espiritualidad, la del éxodo, donde hay que dejar atrás muchas cosas, desprenderse de todo, contando sólo con la verdad y certeza de la nueva realidad, de la nueva tierra, de la fe reformulada y encarnada en el corazón mismo de un nuevo pueblo.

Para lograr algo de estas novedades, entre otras muchas condiciones o exigencias inherentes a nuestro actual trabajo evangelizador, se requerirá, sin discusión ninguna, una permanente creatividad pastoral. El evangelizador que no se sitúe en este clima 0 atmósfera de novedad y creatividad, no entenderá por qué el Santo Padre espera una Evangelización nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en sus expresiones. Es aquí donde se necesita creatividad y audacia para dar forma y cuerpo a los deseos y precupaciones del Santo Padre.

El problema de cómo evangelizar - recordaba en su momento Evangelii Nuntiandi - «es siempre actual, porque las maneras de evangelizar cambian según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura; por eso plantean casi un desafío a nuestra capacidad de descubrir y adaptar. A nosotros, Pastores de la iglesia, incumbe especialmente el deber de descubrir con audacia y prudencia, conservando la fidelidad al contenido, las formas más adecuadas y eficaces de comunicar el mensaje evangélico a los hombres de nuestro tiempo» (EN,40).

Pero el Santo Padre hace un particular llamado a la creatividad en el campo de la inculturación a dos clases de personas en la Iglesia: a los Laicos y a los Religiosos.

A los Laicos: «La Iglesia pide que los fieles laicos estén presentes, con la insignia de la valentía y de la creatividad intelectual, en los puestos privilegiados de la cultura, como son el mundo de la escuela y de la universidad, los ambientes de la investigación científica y técnica, los lugares de la creación artística y de la reflexión humanística. Tal presencia está destinada no sólo al reconocimiento y a la eventual purificación de los elementos de la cultura existente críticamente ponderados, sino también a su elevación mediante las riquezas originales del Evangelio y de la fe cristiana» (Christifidelis laici, nº 44).

A los Religiosos: &laquO,El reto de la nueva evangelización exige que el mensaje salvador cale en el corazón de los hombres y en las estructuras de la vida social... Estoy seguro de que los religiosos y las religiosas en América latina sabréis estar en la vanguardia de esta nueva responsabilidad evangelizadora que ha de asumir, con la fuerza del mensaje salvífico, toda la riqueza cultural de los pueblos y etnias del Continente en una solidaria y esperanzadora civilización del amor. Contribuid, pues, a forjar una cultura que esté siempre abierta a los valores de la vida, a la originalidad del mensaje evangélico, a la solidaridad entre las personas; una cultura de la paz y de la unidad que Cristo ha pedido al padre para todos los que creen en El.

Para ello, los religiosos, en la medida en que seáis fieles al propio carisma, encontraréis la fuerza de la creatívidad apostólica que os guiará en la predicación e inculturación del Evangelio. Tengo plena confianza en que, con vuestra aportación generosa, se seguirá llevando a cabo la deseada transformación cultural y social de ese Continente» (Carta Apostólica a los Religiosos y Religiosas de América Latina con motivo del V Centenario de la Evangelización del Nuevo Mundo, nº 28, Roma 29 de Junio de 1990).

 


 

II. LA EDUCACION
LIBERADORA QUE SOÑAMOS

1. Los objetivos de este 5º EPA

Vale la pena recordarlos, para entrar en sintonía con el trabajo que nos espera durante estos días, y que exige de todos nosotros una gran capacidad de entrega y responsabilidad pastoral hacia los pueblos negros, quienes esperan de este encuentro un gran aporte e iluminación para su búsqueda de un mundo más digno, más justo y más humano para ellos. Estos son los objetivos generales:

  1. Analizar los vacíos y carencias del sistema educativo formal e informal, para plantear alternativas de solución que hagan posible la implementación de un proyecto educativo afroamericano adecuado a la historia, la cultura y las necesidades reales de dichas comunidades.
     
  2. Estudiar y analizar la relación entre cultura afroamericana y educación popular; historia, realidad afroamericana y educación, con miras a unificar criterios conceptuales que favorezcan la valoración y la Identidad de los afroamericanos en procesos educativos propios y liberadores.
     
  3. Intercambiar experiencias educativas de Pastoral Afroamericana en orden a lograr un Proyecto Educativo conjunto, en los ámbitos de la educación formal y no formal.

 

2. Los conceptos claves de nuestra búsqueda educativa

a) La educación es para nosotros algo inseparable de la Evangelización

Si la misión esencial de la Iglesia, «su dicha y vocación propia, su identidad más profunda» es la de evangelizar (Cf. EN, 14), educar al hombre está íntimamente unido a su quehacer esencial. Esto es tan cierto, que cuando se profundiza en el hecho mismo de la evangelización, y se asumen nuevos horizontes, a la educación también se le abren nuevas perspectivas.

Es de todos conocidas las afirmaciones de S.S. Pablo VI de que «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta... un mensaje especialmente vigoroso en nuestros df as sobre la liberación» (EN, 29). Cuando el Papa hace esta afirmación dice explícitamente que está pensando en nosotros, en los pueblos del Tercer Mundo:

«Pueblos, ya lo sabemos, empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquéllo que los condena a quedar al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales y, especialmente, en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo económico y cultural, a veces tan cruel como el político, etc... La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización» (EN, 30).

 

b) Cuáles son nuestros anhelos

La educación que soñamos es la que esté en sintonía con este anhelo, más aún, con este grito de liberación de nuestros pueblos, de manera especial del pueblo negro en América Latina. Queremos una educación que esté al servicio de la defensa y rescate de la identidad afroamericana de un pueblo que aún vive, a pesar del marginamiento y opresión que históricamente ha tenido que soportar.

En forma profética, ya las Conclusiones de Medellín se atrevieron a «proponer una visión de la educación, más conforme con el desarrollo integral para nuestro continente; la llamaríamos la "educación liberadora"; esto es, la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo. La educación es efectivamente el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre y para hacerlos ascender "a condiciones más humanas", teniendo en cuenta que el hombre es el responsable y el artífice principal de su éxito o de su fracaso.

Para ello, la educación en todos los niveles debe llegar a ser creadora, pues ha de anticipar el nuevo tipo de sociedad que buscamos en América Latina; debe basar sus esfuerzos en la personalización de las nuevas generaciones, profundizando la conciencia de su dignidad humana, favoreciendo su libre autodeterminación y promoviendo su sentido comunitario» (M. lV, 8).

Afirma Puebla, por su parte, que «la educación evangelizadora asume y completa la noción de educación liberadora» (P. 1026), y que ésta debe tener las siguientes características:

  • Humanizar y personalizar al hombre... (P 1027)
     
  • Integrarse al proceso social latinoamericano... (P 1028)
     
  • Ejercer la función crítica propia de la verdadera educación, procurando regenerar permanentemente, desde el ángulo de la educación, las pautas culturales y las normas de interacción social que posibiliten la creación de una nueva sociedad, verdaderamente participativa y fraterna, es decir, educación para la justicia (P 1029).
     
  • Convertir al educando en sujeto, no sólo de su propio desarrollo, sino también al servicio del desarrollo de la comunidad: educación para el servicio (P 1030).
     
  • Acompañar la alfabetización de los grupos marginales con acciones educativas que los ayuden a comunicarse eficazmente ; tomar conciencia de sus deberes y derechos; comprender la situación en que viven y discernir sus causas; capacitarse para organizarse en lo civil, lo laboral y político y poder así participar plenamente en los procesos decisorios que les atañen (P 1045).

 


 

III. CONCLUSION

Estimados Participantes:

Termino aquí porque ya es hora de que iniciemos nuestro trabajo programado. El 5º EPA nos espera. Serán días de gran reflexión, compartida esta vez con todos los que ahora nos honran con su presencia y colaboración activa, provenientes de otras naciones hermanas.

Nuestro trabajo será el término de toda una larga etapa de preparación, pero deberá ser igualmente el comienzo de un nuevo esfuerzo para que las esperanzas del pueblo negro lleguen a ser realidad.

Para esta Diócesis de Quibdó que ahora los acoge con Inmensa alegría, el llegar a ser una Iglesia Inculturada es un deber sagrado, porque es el fruto de una Opción Pastoral tomada colegialmente. Las razones de esta opción están dichas en las páginas que les he leído. No podemos tener la menor duda para llevar adelante este serio e inaplazable compromiso. No caminar por el sendero de la inculturación por el temor a equivocamos, es ya estar equivocados.

Todo lo anterior tiene grandes repercusiones en el campo de la educación, pues en él se juega el futuro inmediato de los mismos pueblos negros. Debemos plantear alternativas que apunten hacia un proyecto de sociedad, más en consonancia con el proyecto de Jesüs sobre el hombre. Me refiero a una sociedad de verdad justa, fraterna y solidaria, donde se respeten todos sus derechos, y entre ellos el de la identidad cultural, con todas las consecuencias que dicho reconocimiento encierra.

Quiero terminar parafraseando las palabras de Pablo VI en Kampala (Africa), y al aplicarlas a mi Iglesia Chocoana, respetuosamente aplico también a las demás Iglesias que ahora nos visitan:

¡Pueblo negro chocoano: despierta, levántate y anda! El misterio de Cristo ha de encarnarse en tu cultura, ha de tomar la carne las mejores tradiciones y símbolos con los cuales te has relacionado con Dios, con los demás hombres y la naturaleza. Sólo así, tu voz nativa, más límpida y franca, se levantará armoniosa en el coro de las voces de la Iglesia universal!

 

+ Jorge Iván Castaño Rubio

 

TEMA Nº 1:
MECANISMOS TRADICIONALES DE EDUCACION AFROAMERICANA

 

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