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XII EPA
ENCUENTRO DE PASTORAL AFROCOLOMBIANA
Cali, mayo 18 al 21 del 2003

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por Delegaciones

 

RETOS QUE PLANTEA LA PASTORAL AL PUEBLO AFRO COLOMBIANO EN EL SESQUICENTENARIO DE LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD

Pbro. Napoleón García Anaya

Introducción

En las últimas décadas el pueblo afrocolombiano tuvo un despertar y una toma de conciencia notables; valiosa búsqueda de su identidad cultural, religiosa y social, tímida lucha por recuperar su memoria histórica, sus valores étnicos, y sus organizaciones; todo ello con algunos logros en el campo de la educación, la política, la Iglesia institucional y las comunidades campesinas.

Hoy como pueblo negro sentimos la necesidad y el derecho de seguir recorriendo nuestras propias vivencias espirituales y expresiones litúrgicas, enraizadas en la tradición espiritual y cultural de nuestras comunidades, lo cual exige espacios de libertad para poder expresarnos como cristianos afroamericanos.

El alma religiosa del hombre negro
La religión es el mayor documento de la historia del pueblo negro; está basada no en los escritos, sino sobre todo en la tradición oral. Africa es tierra de grandes religiones, es el lugar donde la vida y la muerte no tienen fronteras. Fueron los grandes cultos de la antigüedad los que dieron consistencia a las culturas africanas.

Las grandes religiones en Africa
Es bueno saber que la religión monoteísta nació en Egipto cuando el rey Akenaton en el siglo 17 a. C. impuso en el imperio la adoración al Dios único Atón, el disco solar. Mucho tiempo después la religión judía, el culto monoteísta más antiguo que persiste, tiene sus raíces en el Egipto africano. Moisés fue africano, y tanto él como Abraham tuvieron en Egipto inspiración y los acontecimientos fundamentales que formaron el pueblo hebreo.  El éxodo, la pascua y la alianza del Sinaí suceden en tierra africana, por eso la cultura israelita tiene múltiples referencias a la cultura egipcia de donde brotan muchas de sus tradiciones.

También el Islam tiene notable raíces africanas. El profeta Mahoma debió huir de Egipto perseguido por sus enemigos. Después de su muerte sus discípulos penetraron en el norte de Africa difundiendo su religión. Los primeros predicadores llegaron hasta la corte de los reyes enseñando su credo. La conversión de los soberanos legitimó a esta religión en las culturas autóctonas. La historia que documenta los reinos del norte está escrita en árabe, primera lengua escrita que llega al Africa. En estas primera páginas se puede ver la impresión que os poderosos reinos africanos causaron que los extranjeros que los visitaron.

Todavía hoy persisten allí cultos tradicionales, mientras que las grande religiones como el Islam y el catolicismo siguen creciendo, a la par que las sectas fundamentalistas protestantes ganan adeptos todos los días en este continente de gran espiritualidad.

La santería es la religión Yoruba, situados en la ribera del Níger, actual Nigeria. Su poderoso imperio tenía una organizada serie de reinos, el más importantes Benin que duró 12 siglos. Su decadencia provocó que en la primera mitad del siglo 19 la mayoría de esclavos que llegaron a Cuba provenían de su población.

Las leyes españolas que permitían la esclavitud trataban de atenuar la injusticia; concediendo algunos derechos como propiedades, matrimonio y seguridad personal. Estos yorubas eran llamados lucumí por su saludo «oluku-mi»: Mi amigo. Aunque se les bautizó no hubo modo de catequizarlos por la falta de misioneros. El resultado fue que muchos aceptaron externamente la doctrina católica, pero mantenían interiormente su antigua religión.

La santería adora a Oludumare, fuerza central y creativa de quien procede todo lo que existe. Oludumare se expresa en el mundo a través de ashé, sangre de la vida cósmica, poder de justicia y la vida; esta corriente divina encuentra muchos canales de mayor o menor receptividad. Oludumare creó los orishas para manifestar su voluntad y esencia en la creación. Estos son los guías y protectores de la raza humana.

En su esfuerzo por ocultar sus prácticas religiosas los lucumí identificaron su orishas con los santos del catolicismo. Un santo y un orisha son vistos como manifestaciones diferentes de la misma deidad espiritual. Cada persona está supervisada ““apatronada”” por un orisha que toma parte activa en su vida diaria. En la fiesta de su santo, la persona debe asistir a misa y a las ceremonias del orisha.

La Cosmovisión en la espiritualidad Afroamericana

La cosmovisión es la capacidad para dar sentido a la realidad, para interpretar las experiencias personales y grupales en una sola perspectiva, para organizar lo disperso en el sentido de lo global.  El proceso histórico de los africanos en Colombia, con todas sus contradicciones, con su carga de muerte y sufrimiento, con sus luchas y resistencias, ha configurado una cosmovisión en donde la manifestación espiritual es eje de comprensión de la realidad.

Los afrocolombianos han desarrollado una visión global sobre el ser humano, e mundo, Dios, los espíritus y las energías que lo llenan todo. La visión integral de esta realidad y los valore que la refuerzan se ha vista históricamente enfrentada a una pastoral reduccionista, que promoviendo solo algunas facetas del ser humano y la realidad (la espiritual, descuidando lo material, o viceversa), ha provocado una esquizofrenia cultural de grave consecuencias sociales y religiosas.

Los misioneros deben crecer en la comprensión de esta cosmovisión del pueblo para que el pueblo no sea víctima de sus reduccionismos, de sus contradicciones, de sus confusiones, para que el proceso de inculturación alcance realmente sus frutos.

Dimensión espiritual de la identidad

La pérdida de la memoria histórica ha llevado al pueblo negro de América a olvidar las gestas de sus antepasados africanos, su aporte al Nuevo Mundo y su historia de lucha y resistencia. Si hasta la lucha de los cimarrones ha sido borrada de los textos de la historia oficial, por eso nuestra historia ha sido reducida a una mero recuento de sufrimientos, cadenas y resignación.

Es natural que una imagen tan pobre tiene que producir una baja autoestima en el colectivo afroamericano, que redunda negativamente en la afirmación de su identidad. El futuro con sus utopías tiene que hacerse posible en cada presente, pero las condiciones adversas hacen de las utopías proyectos inalcanzables, fantasías que terminan haciendo el inmenso daño de no creer en la posibilidad de un mundo mejor, resignándose ante las situaciones de opresión, en justificar y creer como voluntad de Dios lo que es un grave pecado. El pueblo negro corre aquí el peligro de deshumanizarse definitivamente por la pérdida de la esperanza.

Opresión y liberación en las practicas de la espiritualidad

La opresión y la liberación son elementos que modifican el modo de ser de un pueblo y por tanto su modo de relacionarse. El pueblo de Israel configuró su historia desde la memoria de la dura opresión en Egipto y el proceso liberador que inspiró su fe en Yavé. La realidad de la opresión o liberación histórica genera y matiza el modo de ser y de relacionarse de un grupo humano.

El recuerdo histórico de la esclavitud, la realidad diaria de la pobreza, la constatación de la marginalidad social y la discriminación racial, el espectáculo cotidiano de la muerte, la frecuencia de la enfermedad, la dureza del medio y las dificultades para la sobrevivencia son las que hacen tan importantes nuestras celebraciones fúnebres. Los misterios de la pasión y muerte del Cristo encuentran en el pueblo negro su directa encarnacion. Mientras los afroamericanos sigan padeciendo la cruz y la pasión. no aprenderán a celebrar la resurrección.

Sin embargo un proceso serio de evangelización no se puede realizar sin un conocimiento de la historia del pueblo negro; y aquí la historia no son datos cronológicos, sino acontecimientos de opresión-liberación en los que Dios está también implicado.

No se trata de celebrar la opresión, sino de ver cómo ésta se transforma en liberación. Lo que siempre habría que celebrar es la liberación del pueblo (la vivida y la soñada), pero desde la situación que se vive y la opresión concreta que se está padeciendo.

Elementos de la espiritualidad afrocolombiana

Nuestros pueblos han mantenido con firmeza la fe, desarrollándola en la vida campesina, más atentos a Dios que a las instituciones, manifestando un espíritu alegre y espontáneo, junto con una seria experiencia espiritual. Estas son algunas de las características de su espiritualidad:

Los símbolos
Los objetos naturales pueden ser medios poderosos par manifestar la acción de lo espiritual; su poder simbólico es muy importante y por eso las prácticas cultuales y las acciones sociales están cargadas de múltiples símbolos: el agua, el aceite, las cruces, las plantas, los huesos, los colores, los aromas, los vestidos, etc.

Los Ritmos
La vida de la naturaleza está ligada a ritmos biológicos y temporales; así mismo la vida humana debe seguir la rítmica para conservar su equilibrio. En el cuidado de la tierra, en el trabajo, en las relaciones sociales, y finalmente en la propia expresión física, musical y verbal, el pueblo negro intenta seguir los ritmos de la naturaleza.

La contemplación
No se crea que la cultura negra es solo ruido y superficialidad. El contacto con la naturaleza alimenta el espíritu de reflexión y observación. La capacidad contemplativa es una faceta importante de nuestra espiritualidad que no se ha estudiado suficientemente.

La fiesta
La cultura afro tiene un espíritu festivo muy marcado que sale a flote con cualquier motivo: en las alegrías y hasta en los lutos. Es el motivo ‘más importante de la vida: se trabaja duramente para poder luego celebrar la fiesta;; es la que alimenta la unidad familiar y la vinculación social.

La Muerte
Es el hecho más cotidiano de la vida de los afrocolombianos: la muerte de los niños, la enfermedad y la pobreza hacen de la muerte un invitado frecuente a nuestras comunidades.  Es la circunstancia vital que tiene más elaboraciones simbólicas y sociales.

Aportes de los afrocolombianos al catolicismo

Nuestros antepasados supieron convertir una religión impuesta y esclavizante en una fe generadora de gracia y liberación. Convirtieron al Dios de los opresores en el Dios de los oprimidos. Ya desde un comienzo las sociedades secretas de africanos, las cofradías y cultos de santería, tenían un espíritu de resistencia y de dignidad.

Entre los aportes y expresiones más importantes de la religiosidad afro destacamos:

  • Haber aportado al culto de la Iglesia un estilo comunitario y festivo.
  • Una concepción sacral de la existencia, en donde hasta la naturaleza es lugar de manifestación espiritual.
  • Una ministerialidad tradicional, responsable de las liturgias populares.
  • Una vivencia profunda del misterio de la vida, muy unido al misterio de la muerte.
  • Una enorme riqueza de cantos y variedad de oraciones que facilitan la expresión del sentimiento religioso.
  • El liderazgo de la mujer que reivindica su espiritualidad y su sentida importancia en el seno de las comunidades negras.
  • Un sentido congregante y vinculante de las prácticas religiosas, en el parentesco y en la sociedad.

Retos para el pueblo afrocolombiano

Toda esa enorme riqueza espiritual y cultural, que es precisamente la más significativa del pueblo afrocolombiano, plantea a la iglesia en los albores del nuevo milenio, serios retos pastorales y doctrinales que debe ser asumidos con responsabilidad:

1. El Compromiso de defender la vida amenazada:

A la pobreza y marginalidad históricas de nuestras comunidades, hoy se añade el trágico accionar de grupos de violentos que manchan con sangre los ríos y los campos del Pacífico colombiano. ¿Cómo no dolerle al alma que en nuestros campos haya una mortalidad de 192 por mil de niños y niñas menores de un año?

¿Cómo no sentir un frío en el corazón al contemplar el desamparo y el desprecio social en el que se mueven las familias desplazadas, que por miles han debido abandonar sus casas y parcelas, para venir a sufrir el abandono y llorar sus muertos en Buenaventura, Cali, Quibdó, Popayán y Medellín?

Organizarse para defender la vida, fortalecer las comunidades con la resistencia, denunciar a los grupos armados guerrilleros y paramilitares que quieren imponer sus prácticas de muerte y desolación, conocer y defender los derechos humanos y los derechos étnicos de los pueblos, comprometerse con la defensa de salud, deben ser retos prioritarios para el pueblo afrocolombiano. Sin vida no pasa nada.

2. El reto organizativo

Si hay un aspecto que haya dificultado nuestro progreso y promoción social es el individualismo ciego y la falta de organizaciones sociales. Por eso comprometerse con los procesos organizativos y comunitarios es la clave para enfrentar el futuro Pero al mismo tiempo no hay un campo de mayor riesgo que el organizativo, se corren todos los riesgos posibles de fracaso. ¿Cómo abordar con esperanza este tema si los grupos que nacen son un archipiélago de agrupaciones peleando por migajas y vendiéndose por nada?

Ayudar a que nazca una organización popular y adquiera autonomía, es una palabra mayor. Respetar sus diferencias, valorar la diversidad de sus aportes, perder el miedo a que asuman sus propios retos y compromisos, a que hablen con su propia voz, he allí un reto superior para los líderes del pueblo.

Se requieren organizaciones sólidas de todo tipo: de jóvenes, de mujeres.

3. El Compromiso de renovar la Cultura

Es la mayor riqueza de nuestra gente; es la mayor fortaleza del pueblo negro: su cosmovisión, su lenguaje, sus relaciones sociales, su modo de ser. Pero desarraigados del campo en un breve lapso de dos generaciones, la cultura afro se hace urbana con inmediatez y requiere adaptarse al medio citadino. La modernidad arrasa con tradiciones y valores; los jóvenes vuelan tras de novedades y los ancianos languidecen entre la soledad y la incomprension.

¿Cómo afrontar la modernidad desde la sencillez de la vida campesina? ¿cómo enfrentar la globalización con su enorme poder desde los valores y la belleza de las costumbres locales? ¿cómo brindar a las nuevas generaciones las raíces sólidas para construir la nueva cultura afroamericana con orgullo e identidad? He allí un reto de graves implicaciones para el presente y el futuro de la vida de nuestro pueblo.

4. La defensa del territorio y los recursos naturales

Los pueblos del Pacifico llevan cuatrocientos años apropiándose y conservando este territorio rico y malsano. Bendición por sus recursos, maldición por su destino. La riqueza mineral para España fue mortal para los africanos; la madera que enriquece las empresas es la que deja malaria y tala irracional en los campos de Cauca y Chocó; el pescado que faenan los barcos atuneros es el que falta en las mesas de nuestro pueblo.

La Ley 70 ha sido un logro enorme que solo la historia ayudará a comprender en su justo valor. Defender este territorio para nuestros hijos, cuidar el medio ambiente con mayor responsabilidad, en consonancia con el nuevo pensamiento ecologista, pero también aprovechar racionalmente los recursos para nuestra vida, es una tarea grave y precisa. No podemos seguir muriendo pobres sobre una montaña de oro.

5. El reto de la Unidad

Por encima de nuestras diferencias la construcción de la unidad como tarea histórica nos aguarda; la superación de las discriminaciones internas, los propios racismos, el odio contra el hermano ha conspirado contra nuestra libertad. Recordemos el mensaje de Malcom X:

«Donde quiera que vayas y cualquier cosa que hagas,
recuerda siempre que seguimos siendo hermanos y hermanas,
y que siempre tenemos el mismo problema.
No despilfarremos el tiempo en condenarnos y combatirnos recíprocamente.
Ya hemos perdido por eso demasiado en el pasado”

 

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X Encuentro Nacional de Pastoral Afrocolombiana

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