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La Voz Católica
Santiago de Cali, noviembre de 2003

NUESTRA PROVINCIA 

Diócesis de Buenaventura

LA MUERTE
y sus manifestaciones
en la Costa del Pacífico

Por Pbro. John William Candelo Perea

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P

ara el afroamericano el mundo religioso se expresa continuamente en la vida a través de manifestaciones de fe y acción. Estas manifestaciones son: devoción a los santos, múltiples oraciones, leyendas, imágenes, símbolos, ritos, valores, costumbres, ceremonias, mitos y rituales con enseñanzas morales de gran valor y vigencia que tienen unas repercusiones de tipo económico y ético.

En la Costa Pacífica hay dos acontecimientos transcendentales: el nacimiento y la muerte.

El nacimiento

El nacimiento es un acontecimiento en el cual se celebra la vida como regalo de Dios. El niño que nace va enriqueciendo paulatinamente la cultura. El nacimiento se convierte en un hecho de gozo, se celebra con una copa de viche, guarapo o aguardiente, se celebra la vida en compañía de la familia, los amigos y los vecinos.

Si el recién nacido es varón, se piensa que es la continuación de la descendencia y del apellido. Se ve en él un respaldo para la familia, especialmente para el padre. Si es mujer es el reemplazo de la madre y es quien va a colaborarle en los quehaceres de la casa. Impacta más la llegada de un varón a la familia que la de una niña.

La muerte

El otro momento importante es la muerte. Realidad ineludible que hace parte de la historia misma del hombre. La muerte es un acontecimiento que el hombre del Pacífico vive con mucha aceptación y esperanza; lo que celebra no es la muerte, sino la vida misma. Es la muerte donde las relaciones que se habían perdido se hace nuevamente vínculos de amistad. El luto une a todos los vecinos, todos colaboran en este momento, todo es estimación y solidaridad.

La persona muerta vive y participa de todo lo que está sucediendo a su alrededor, no es una persona que se ha ido, sino un hermano o un amigo que está participando de la vida del grupo, por eso el profundo respeto que se profesa al cadáver y el carácter sagrado de la tumba.

Los signos que utiliza el hombre del Pacífico no significa fatalismo, magia u oscurantismo, significan que la muerte está relacionada con este mundo y con la vida del más allá. El difunto comparte con su familia y con sus allegados; es por esto, que los lunes, día de los difuntos, los templos se llenan y se celebra la Eucaristía por el alma de las personas fallecidas.

El hombre del pacífico sabe que al morir se vive para el Señor y asimila la dimensión trascendental. En la muerte hay un sin número de signos que expresan la pluralidad del significado y contenido de cada uno de ellas que manifiesta la cultura del Pacífico y que puede enriquecer la teología y la praxis católica. Abordamos algunos elementos que hacen parte del novenario del pacífico y poderlos iluminar desde la sagrada escritura.

Velorio Afroamericano

En el velorio se organiza una tumba que hace las veces de un altar, con sábanas blancas colgadas alrededor, en la parte superior central un moño negro que hace alusión a una mariposa. Debajo de este moño va un crucifijo, esto significa luto, es decir que ha fallecido alguien de la casa. También se encuentra en la sala del velorio una cinta con el nombre del difunto, a los lados del ataúd se colocan cuatro cirios, dos adelante y dos atrás.

El color negro expresa tristeza y luto, esta interpretación no nace de la cultura afroamericana, sino que aparece posteriormente tomada del cristianismo. Lo negro se asocia con lo infernal, lo ignorante, lo primitivo, la mala suerte, el pasar apuros; mientras que lo blanco, se relaciona con Dios, la pureza, la transparencia, la belleza, la limpieza, la persona laboriosa, educada, inteligente y civilizada.

El velorio comienza poco después que fallece la persona hasta el día siguiente. En el transcurso del mismo se recitan oraciones pidiendo el perdón de los pecados con el objeto de que el alma llegue al Padre; se cantan alabaos, se juega dominó, se reparten bananas, se brinda alguna comida y algunas bebidas, para mantener en pie a las personas que acompañan el velorio durante la noche. Con esta práctica se ha catalogado mal a los negros como borrachines, fiesteros y parranderos.

El vaso con agua

Debajo del ataúd se coloca un vaso con agua que permanece nueve noches sin cambiarla, para indicar que si al momento de fallecer la persona murió con sed viene a tomar agua de allí. El agua va disminuyendo a medida que pasan los días. La que queda en el vaso, después de las nueve noches tiene una connotación medicinal y se ofrece a las personas que sufren de asma, del corazón y de los nervios.

Los científicos hablan de una evaporación durante este tiempo, mientras que los afroamericanos conciben que la disminución del agua se debe a que el difunto se hizo presente allí para beberla. Esta concepción viene desde nuestros ancestros y se ha asumido hasta nuestros días.

Vestido del difunto

Las personas en vida piden cómo quieren ser vestidas en el momento de su muerte , algunos solicitan vestir el hábito de la Virgen del Carmen o de algún santo de su devoción, o simplemente una túnica blanca. Otros prefieren un traje elegante , el vestido de su matrimonio, se les colocan medias pero sin zapatos refiriéndose al pasaje del éxodo «Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es santo» (Ex. 3,5), significa que el difunto va a un lugar sagrado. Llevar la ropa nueva significa que el difunto no debe llevar el olor de esta vida, porque el encuentro con Dios debe ser muy digno.

El cordón

Al difunto se le coloca un cordón en la cintura con siete nudos. Estos son para sostenerse y no se deslice para llegar al cielo. Así como los sacramentos que son siete y significa el camino que se va dando progresivamente es hacia la salvación, el difunto con el cordón va escalando el camino salvífico al encuentro con Dios.

Las joyas

Inmediatamente muere, el difunto es despojado de todas sus joyas y de las prótesis dentales, porque para llegar a Dios no se necesita de todas estas vanidades.

No barrer la casa

Cuando el difunto se encuentra todavía en la casa, ésta no se puede barrer, se debe hacer antes de traerlo a la casa. El difunto es un invitado especial y la persona más importante, todo gira alrededor suyo. Esto significa que cuando se invita a una persona a casa, no se barre en presencia de ella porque sería una falta de respeto. El alma del difunto se encuentra en la casa hasta el último día del novenario. Existe otra creencia sobre esta acción de barrer, si se hace, los familiares van muriendo en cadena.

Cabo del año

Práctica muy difundida en todo el Pacífico Colombiano, en la ceremonia se representaba al difunto con un ataúd el cual se le cubría con una sabana negra en señal de duelo o luto; y se le coloca los cuatros cirios encendidos. El Celebrante repite la ceremonia en cuerpo presente y al final se prodigan los responsos acostumbrados. Si bien esta tradición se ha ido perdiendo, su ritual se conserva cuando se dicen los responsos al final de la Eucaristía.

Hoy con frecuencia ha incursionado en nuestro medio la Celebración de la Palabra al pie de la tumba en el Campo Santo o en la casa del difunto con la intención de pedir la intercesión de ellos, conmemorar aniversarios, (cumpleaños, de la madre, fin de año, etc) También es una actitud que manifiesta el deseo de estar cerca con el difunto y compartir al pie de la tumba aquellas canciones, rezos que ellos normalmente cantaban en Vida. Con lo anterior se quieren fortalecer aquellos recuerdos vividos.

El Chigualo

Cuando un niño de tierna edad (menor de 7 años) muere, se vuelve un angelito y se va derechito al cielo. El Cadáver del niño es vestido de blanco o rosado. A veces se le coloca un ramo de flores en la mano derecha y una corona de papel en la cabeza. Aquí la madrina juega un papel preponderante. Ella es la responsable de los gastos de la fiesta. Ayuda en la preparación del cadáver y es la encargada de bailar al niño. Se le coloca en una silla especial durante toda la noche y una mesa con velas y flores preparada en forma de altar. Todo esto hasta que se hace el ataúd.

Durante la noche no se reza por el niño muerto, sino que se baila el «Chigualo» y se le canta arrullos o Salves, acompañados del bombo, cununo, guasa y marimba. En el baile las mujeres forman un semicírculo alrededor de la mesa y del altar, La Madrina o una persona que ella delegue coge al niño y mientras cantan lo van ofreciendo a los presentes. En algunos lugares interviene el padrino acompañando a la madrina en la danza. La madrina entrega el cadáver a una de las mujeres que están en el semicírculo. Este rito dura toda la oche. Se acompaña la ceremonia con bebidas típicas de la región.

La madre del niño acompaña el acto sin participar en el semicírculo. Al día siguiente llevan al niño al cementerio. La procesión es acompañada por muchos cantos que expresan la alegría del nuevo miembro del coro de los ángeles. Al niño no se le hace novenario, su alma no está penando.

Finalmente, es bueno seguir iluminando estas expresiones culturales desde el espíritu del documento de Santo Domingo «comprometiéndonos a dedicar especial atención a la causa de las comunidades afroamericanas en el campo de la pastoral, favoreciendo las manifestaciones de las expresiones religiosas propias de la cultura» S.D. 69.

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